
Kaká el astro del club milanés con mucha razón ha advertido que la violencia dará al fútbol italiano su condena de muerte y que la larga uno a uno los jugadores extranjeros tendrán que irse del país porque la situación se torna cada vez más intolerable.
En Italia la muerte de un aficionado que recibió un balazo de un policía provocó disturbios en varias ciudades italianas e incluso los llamados «tifosi» atacaran un cuartel de la policía.
Sea en los países más desarrollados o los que están en camino de crecimiento, la violencia en el fútbol es pan de cada día arrastrando su secuelas de muerte, dolor y destrucción de la propiedad privada.
Los que provocan la violencia en el Perú no son hinchas, son delincuentes que fungen de aficionados para realizar sus fechorías, y en otros casos, hay quienes son asiduos a los estadios pero desatan el terror en las calles para dar paso a enfrentamientos entre bandos contrarios.
El último clásico jugado en Chimbote un hincha de Alianza Lima murió por escapar de la turba formada por hinchas de Universitario. Una muerte inútil que nada tiene que ver con el espectáculo futbolístico.
En Perú tenemos muy malos recuerdos de la violencia en el fútbol, una de las que más se recuerda es la que provocaron hinchas de Universitario y Alianza en el único clásico programado en el Estadio Monumental.
Desde esa vez las autoridades prohibieron que en el coloso de Ate se vuelva a programar un clásico. Es la razón por la que el clásico se jugó en cancha neutral, en el estadio Manuel Rivera de Chimbote.
Las autoridades y las leyes actúan con pies de plomo para castigar a los presuntos culpables de los hechos violentos. En la pretemporada de este año en el Monumental se programó un partido amistoso entre Universitario y Sport Boys.
Se había negado la autorización del partido, el «amistoso» sin embargo fue programado con consecuencias detestables. La barra de «U» en número mayor atacó a la pequeña barra rosada. Fue una masacre permitida por un irresponsable empleado que abrió las puertas para que las barras se encontraran.
Las primeras reacciones fueron de condena por lo sucedido, se habló de sanciones a dirigentes y la identificación de los autores de la violencia en la tribuna. El tiempo ha pasado y nadie se acuerda de que se que hablaba de mano dura contra los responsables. No hay ningún inculpado, todo quedó en nada.
Es muy mala señal porque los barristas al ver que no hay sanción para sus fechorías, se ven facilitados de fomentar el caos con lamentables pérdidas, lesionados y una reflexión lógica de no ir a los estadios por el peligro que amenaza.