
El 26 de enero de 1983 fueron masacrados ocho periodistas, el guía Juan Argumedo y el comunero Severino Morales Ccente, en la comunidad de Uchuraccay, en Huanta (Ayacucho o “Rincón de los muertos”).
Entre los periodistas que murieron figuran Jorge Luís Mendivil Trelles (egresado de la Escuela de Periodismo Jaime Bausate y Meza), Willy Retto Torres, Jorge Sedano Falcón, Amador García Yanque, Eduardo De la Piniella Palao, Pedro Sánchez Gavidia, Félix Gavilán Huamán y Octavio Infante García.
Los cuerpos de los reporteros fueron enterrados en una loma, semidesnudos, de a dos y de cara a la tierra.
Teodoro Quispe, comunicador indígena quechua, refiere: “Era el 26 de enero de 1983 cuando un grupo de periodistas fue a buscar información a la comunidad de Huaychao, donde dos días antes habían linchado a siete subversivos, entre ellos menores de edad y una mujer con hijo. En estas circunstancias los ocho hombres de prensa fueron cercados, capturados y asesinados de manera despiadada por los comuneros sin más motivo que ser periodistas. Luego fueron enterrados en cuatro fosas. Uchuraccay era una zona controlada por las tropas del Ejército, Los Sinchis y la Infantería de Marina”, se lee en el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
El episodio en Huaychao-Macabamba, ocurrido el 20 de enero de 1983, fue la primera ocasión en la que campesinos peruanos se rebelaron contra Sendero Luminoso.
Asimismo el documento precisa que la Infantería de Marina asumió el control de Huanta el 21 de enero de 1983. Una de sus primeras medidas fue agrupar a los campesinos en núcleos poblados y organizarlos en Comités de Defensa Civil, medida que provocó resentimientos y una resistencia pasiva entre los comuneros debido a la incertidumbre económica que implicaba su mudanza y a la profunda rivalidad que desde tiempo existía entre comunidades obligadas a convivir.
El general Luis Cisneros Vizquerra, ministro del gobierno de Acción Popular, en 1983 dijo que: "lo primero que hicimos (con el general Noel) al declarar la zona de emergencia, fue determinarla como una zona de exclusión, donde los periodistas no pudieran entrar".
Desde entonces, el crimen masivo de periodistas se mantiene pendiente de solución definitiva. Las investigaciones realizadas (Comisión de la Verdad y Reconciliación, Comisión Investigadora presidido por Mario Vargas Llosa, etc.) no esclarecieron en su total dimensión lo ocurrido ni a sancionar a todos los responsables. Los familiares demandan justicia y no están satisfechos por las tres personas que fueron sentenciados como autores del genocidio.
Las investigaciones realizadas en un principio sembraron muchas esperanzas pero al final de la jornada produjo descontento y desilusión. Sólo se condenó a tres de los 18 comuneros sindicados como autores directos del crimen; no se capturó a los otros participantes, no se castigó a los instigadores de la masacre. No hubo detenidos, pero sí autoinculpados. Testigos y presuntos responsables desaparecieron ¿por arte de magia?, algunos tal vez fueron asesinados, otros amenazados para que no declaren, etc.
La comunidad de Uchuraccay fue diezmada por las hordas de Sendero Luminoso, quienes asesinaron a 135 comuneros. Aún no se explica por qué los comuneros de Uchuraccay deciden, por sí y ante sí, matar a los periodistas. Se proclama la necesidad de la "reconciliación nacional" entre víctimas y victimarios, el perdón de las víctimas y el arrepentimiento de los victimarios, ¿será todo esto posible y suficiente? Se habla del terror de los subversivos y del terror del Estado, tratando de encontrar a los auténticos culpables de estos crímenes y para que la historia no se repita.
La verdad tiene que abrirse paso algún día, pese a quien le pese. Los periodistas tenemos que seguir investigando y clamando justicia verdadera, para que se sancione a todos aquellos que olvidándose de su condición de seres humanos mataron salvajemente a otros seres humanos. La justicia tardará, pero llegará. ¡Cuando un periodista muere, nunca muere!