Opinion Plural
La patria de Jesús | La patria de Jesús |
| jueves, 20/03/2008 | ||||||
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Palestina, en el centro de la región que se llama actualmente Oriente Medio, es la tierra donde han tenido lugar los grandes acontecimientos bíblicos. Es como un corredor de paso entre Asía y África, y su misma situación ha sido motivo de su tumultuosa historia. Aquí se instaló hacia el 1200 antes de Cristo, el pueblo hebreo, guiado por Dios que así cumplió fielmente su promesa. Aquí vivió Jesús, y desde aquí comenzó el cristianismo su expansión por todo el mundo. Es una franja de 250 kilómetros de largo por unos 80 de ancho. Su principal accidente geográfico es el valle del río Jordán, que desciende de norte a sur, dividiendo en dos, a lo largo, toda la zona. Es un valle estrecho y profundo que discurre durante casi toda su longitud a un nivel inferior al mar. El Jordán nace en el monte Hermón, forma casi enseguida el lago de Genesaret (ya a 212 metros bajo el nivel del mar), y después baja tortuosamente hasta que desemboca en el Mar Muerto (a 394 metros bajo el nivel del Mediterráneo, en el punto mas bajo de toda la superficie terrestre). Como no sale ningún río del Mar Muerto, pierde sus aguas solamente por evaporación: y, de este modo, tiene una concentración salina tan elevada, que no puede vivir ningún pez en sus aguas: de aquí proviene el nombre de «Mar Muerto». Por el contrario, el Lago de Genesaret tiene una gran riqueza piscícola. A ambos lados del valle del Jordán se elevan dos zonas montañosas. De estas montarías bajan algunos torrentes intermitentes, que en invierno se llenan de agua, y en verano se secan. El Cisón, que atraviesa la llanura de Esdrelón y desemboca en el Mar Mediterráneo, y el Cedrón, que baja de Jerusalén al Mar Muerto. Palestina tiene, prácticamente, sólo dos estaciones al año: el invierno o estación de las lluvias (noviembre-abril) y el verano o estación seca (mayo-octubre). Los vientos que proceden del oeste son beneficiosos: traen la lluvia en invierno y, en verano, un rocío fresco; en cambio, los que vienen del este o del sureste son calientes y sofocantes, y a veces traen una carga de arena fina del desierto, que puede llegar hasta a oscurecer el sol. En la llanura costera y en la zona montañosa, el clima es, como el de Europa meridional: clima mediterráneo, con muy pocos días de frío y de nieve. Se dan muy bien el trigo y la cebada, la vid, el olivo y la higuera. En los tiempos más modernos se han introducido el limón, la naranja y el pomelo. En el valle del Jordán, en cambio, profundo y cerrado, hay un clima tórrido, en el que maduran los plátanos y los dátiles. Hacia el sur, a la altura de Barseba, se entra en el desierto del Sinaí. Por el este, a unos 50 kilómetros del Jordán, se entra ya en el desierto siro-arábigo. En tiempos de Jesús, Palestina estaba dividida en provincias. Al Oeste del Jordán estaban: Galilea (al norte), Samaria (en el centro), Judea (al sur); y al este del Jordán se extendía Perea y la Decápolis. Las ciudades principales que aparecen en el Evangelio son: Nazaret, Caná y Carfanaúm (en Galilea); Sicar (en Samaría); Belén, Jericó, Betania y sobre todo, Jerusalén, la ciudad santa de la vida religiosa y nacional (en Judea). Jerusalén está situada en una región montañosa, a unos 700 metros sobre el nivel del mar. La ciudad vieja limita por el este con el valle del Cedrón, y por el sur y por el este con el valle de Hinnón o Gehenna que va a desembocar en el del Cedrón. La ciudad esta construida sobre dos colinas separadas por un valle que va a desembocar al Sureste, cerca de la confluencia de los otros dos valles. Jerusalén es una ciudad antiquísima, habitada ya desde la prehistoria. En aquellos tiempos ocupaba sólo la roca de la parte mas baja de la colina oriental (Ofel). Conquistada por David en los alrededores del año 1000 años de Cristo se convirtió en la capital politica y religiosa del pueblo de Israel. La ciudad creció primero hacia el norte, siempre por la colina oriental, en cuya cima (el monte Sión) Salomón erigió el templo; después fue creciendo también hacia el oeste, ocupando la parte sur de la colina occidental (que actualmente se llama también Sión aunque no corresponde a la Sión antigua). Fue destruida en el 586 y se reconstruyó después gracias, sobre todo a Nehemías, en el siglo V antes de Cristo. Unos cuantos años antes del nacimiento de Jesús, Herodes el Grande engrandeció y embelleció extraordinariamente la ciudad y el templo. Jerusalén tendrá una importancia extraordinaria en la historia de Jesús: aquí en la capital religiosa oficial de la nación será donde morirá. Poco antes de su muerte, profetizara la destrucción de la ciudad santa, que tendría lugar en el año 70 después de Cristo Con la destrucción de Jerusalén en el año 586 antes de Cristo y la cautividad de Babilonia, el antiguo pueblo de Israel había perdido su independencia. Desde aquel momento quedó sometido a las imperios que se fueron sucediendo en el Oriente: desde el imperio babilónico, al persa, al griego o helenístico de Alejandro Magno. A la muerte de este último, su imperio se dividió en cuatro reinos: Palestina estuvo primero bajo el reino de Egipto y después bajo el de Siria. Entonces (año 167 a. de Cristo) estalló la revolución religiosa de los Macabeos, que con mucha fortuna en una serie de batallas, y después con su habilidad diplomática, se apoyaron en los romanos y consiguieron la independencia política. Pero el año 63 Palestina pasó al control directo de Roma. Algunos años más tarde, el ambicioso y astuto Herodes, el Grande aseguró su absoluta fidelidad a Roma y así obtuvo personalmente ser nombrado rey de toda Palestina. En los últimos años de su reinado, mientras era emperador de Roma César Octaviano Augusto, nació Jesús en Belén. A la muerte de Herodes el Grande su reino se dividió entre sus hijos. Judea y Samaría pasaron a Arquelao; pero cuando fue depuesto por su crueldad pasaron a la administración directa de Roma, que las gobernó por medio de procuradores, uno de los cuales fue Poncio Pilato desde el año 26 al 36 después de Cristo. Galilea y Perea fueron para el segundo hijo, Herodes Antipas. En sus territorios predicaron Juan Bautista y Jesús (en el Jordán y Galilea, respectivamente). La Decápolis, federación de diez ciudades helenísticas, permaneció independiente bajo el control de Roma, mientras que los territorios del nordeste del lago de Genesaret fueron para el tercer hijo de Herodes, el prudente Filipo. Entre tanto en Roma se había muerto Octaviano (14 d. de Cristo) y le había sucedido Tiberio, durante cuyo imperio Jesús sufrirá la muerte, siendo Poncio Pilato procurador de Judea. En los últimos siglos antes de Cristo, el pueblo hebreo, que ya no tenía independencia política, tenía, sin embargo, una cohesión muy fuerte, y una conciencia muy sentida de ser distinto de los demás pueblos. Se trataba de una distinción religiosa: ellos creían en un solo Dios, y tenían la Ley de Moisés como el fundamento de su propia vida Se señalaban por la circuncisión y la observancia del sábado, y esperaban una gran intervención extraordinaria de Dios, que iba a restablecer el poderío de su pueblo. El centro ideal de todos los judíos, aunque estuvieran dispersos por todo el imperio, seguía siendo Judea y, sobre todo, Jerusalén y el Templo. Este fenómeno es lo que se llama «Judaísmo». Sin embargo, en el seno mismo del judaísmo se distinguían diversas corrientes: los Fariseos, los Escribas, los Saduceos, los Zelotas, los Esenios. Los fariseos, admitían además de la ley escrita, las tradiciones orales que interpretaban la Ley y la aplicaban minuciosamente a todos los casos posibles de la vida. Eran muy observantes, pero se trataba de una religiosidad sólo exterior, con mucha frecuencia. Jesús atacará muchas veces su orgullo y su hipocresía. El Evangelio pone frecuentemente al lado de los fariseos a los escribas, que eran los doctores de la Ley, ya que la mayoría de estos maestros seguían las doctrinas de los fariseos. Los Saduceos, en cambio, no admitían ninguna tradición oral, y, aún de la misma Escritura, no admitían nada más que el Pentateuco o Torá, es decir los cinco primeros libros de la Biblia. Así negaban las doctrinas que Dios había revelado posteriormente a Moisés, especialmente la resurrección de los muertos. Los Saduceos, que en su mayoría eran aristócratas o sacerdotes del templo, formaban un verdadero partido político, colaboracionista con los romanos que dominaban y ocupaban el país. En el punto de vista político opuesto se encontraban los zelotas: nacionalistas acérrimos, no reconocían más autoridad que la de Dios, y propugnaban la lucha armada contra el invasor. Además, había otra secta especial, llamada de los esenios organizada en comunidades particulares, entregadas a la oración en común, el estudio de la ley y el trabajo. Los importantes descubrimientos a partir de 1947 en Qumram (localidad al noroeste del Mar Muerto), han sacado a la luz la existencia de una especie de comunidad monástica, con doctrinas particulares y una poderosa organización interna. Escribir Comentario
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