Históricamente, dentro de la esfera política, no falta quienes siempre pensaron críticamente sobre el Perú, por ejemplo, Manuel Gonzáles Prada, Jorge Basadre, Víctor Raúl Haya de la Torre, José Carlos Mariátegui y Víctor Andrés Belaúnde.
Manuel Gonzáles Prada, por ejemplo, en su obra “Horas de lucha” presenta una radiografía política y moral del país cuando afirma que “Aquí, donde rigen instituciones malas o maleadas, donde los culpables forman no solamente alianzas transitorias sino dinastías seculares, se debe emprender la faena del hacha en el bosque. No estamos en condiciones de satisfacernos con el derrumbamiento de un mandatario, con la renovación de las Cámaras, con la destitución de unos cuantos jueces ni con el cambio total de funcionarios subalternos y pasivos. Preguntemos a las gentes sencillas y bien intencionadas, a los agricultores o industriales, a los ciudadanos que no mantienen vinculaciones con el Gobierno ni medran a expensas del Erario Público: todos nos responderán que llevan el disgusto en el corazón y las náuseas en la boca, que se asfixian en atmósfera de hospital, que anhelan por la ráfaga de aire puro y desinfectado, que piden cosas nuevas y hombres nuevos”.
Con la llegada de los españoles a tierras peruanas y la culminación de la etapa de la Conquista se inicia el Virreinato. El espíritu comunitario, asentado tradicionalmente, se destruye y se alienta un tipo de cultura de la entrega, de la hipoteca de los recursos y de la explotación del hombre por el hombre movido por el afán de lucro, de enriquecimiento y de dominación.
“Los españoles – refiere Francisco Miró Quesada Cantuarias- lo único que trajeron fue afán de gloria y de lucro, vinieron a enriquecerse y a cambiar de posición social, porque la mayoría de los conquistadores pertenecían a una clase social jerarquizada, que impedía la elevación de nivel social en la metrópoli, de modo que la única manera de cambiar de estado social, era lanzarse a la aventura y realizar grandes hazañas, regresar en triunfo para recibir el premio de la corona. Este es el origen del Perú, este es el gran hecho en el cual se forja el Perú…” ( En: “Breve introducción al estudio de la realidad nacional”. Universidad Nacional Mayor de San Marcos / Facultad de Educación. 2ª. Edición, Lima, 1966).
En el año de 1866, después de una guerra con España, “el Perú afirma para siempre su autonomía política. Durante todo el siglo XIX, el militarismo favorece la anarquía; y las fuerzas activas del país, se concentran en la política y las luchas por el poder”, explica Francisco García Calderón, en “El Perú contemporáneo”. La división política del territorio peruano surgió sobre la base de la división político-administrativa realizada en la Colonia. Las intendencias coloniales fueron, a decir de Alfredo Stecher Chauer, “el punto de partida de los primeros departamentos republicanos”.
Remontándonos un poco a la historia de la división política del Perú encontramos que en 1821 existían cuatro departamentos, en 1822 once, en 1825 siete, en 1834 ocho, once en 1850, catorce en 1857 y trece en 1862. A partir de 1876, en más de cien años de existencia, casi se duplica el número de departamentos: 18 en 1876, 21 en 1904, 22 en 1906, 23 en 1912, 23 en 1932, 20 en 1934, 21 en 1936, 22 en 1942, 23 en 1944 y 24 en 1980 hasta la actualidad, departamentos todos ellos que llegaron a crecer en mayor grado y nivel que otros, desarticulados y heterogéneamente. Mientras las capitales de departamento luchaban contra el centralismo de la capital de la República (Lima), en busca de un futuro mejor, las provincias por su parte hacían sentir su voz de protesta contra el centralismo de las capitales de departamento.
A continuación presentamos por años, de 1821 a 1980, la creación e incremento del número de departamentos en el Perú: 1821 :4 ;1822:11; 1825:7; 1834:8; 1850:11; 1857:14; 1862:13; 1876:18; 1904:21; 1906:22; 1912:23; 1932:23; 1934:20; 1936:21; 1942:22; 1944:23; 1980:24
Los departamentos, por razones de vigencia de un absorbente y nefasto régimen centralista fueron agrupados geográficamente para conformar regiones del Norte, Centro y Sur o en departamentos de Costa, Sierra y Selva.
En mi libro “La Región asumiendo su desarrollo” (Huancayo, 1991) expreso que el centralismo limeño, con el correr de los años, ahogó todo tipo de iniciativas que provenían del interior del país, del Perú profundo. Consolidó una macro estructura económica, política, social y cultural de dominación, de paternalismo asfixiante y de dependencia interna. Todo con Lima, nada sin ella. Lo que se hacía en Lima se veía inmediatamente repercutido en las provincias. La limeñización del Perú, incuestionablemente, frenó las posibilidades de concertación efectiva y oportuna entre los organismos públicos, entes empresariales privados y representantes del sector laboral para determinar y ejecutar programas de desarrollo integral de los pueblos marginados.
“El año dieciocho – decía Andrés Townsend Ezcurra- quizás habrá de ser utilizado alguna vez por los historiadores del futuro para marcarlo como uno de los hitos fundamentales de la Historia Social y Política del Perú Republicano. Es el año en que se nos va González Prada, la voz solitaria de la protesta; es el año del movimiento de conquista de las 8 horas, de la primera movilización sindical violenta del proletariado de Lima y de la aparición de la Federación Textil, el más poderoso sindicato de entonces en la ciudad. El año dieciocho es por último también el campanazo latinoamericano de la Reforma Universitaria” (En: “Breve introducción al estudio de la realidad nacional”…)
Más allá de lo que se dijo en las diversas Constituciones políticas, el Perú no deja de ser un país con signos de desunión política, con la proliferación de “partidos políticos” en épocas electorales, cada cinco años, para desaparecer al día siguiente de las elecciones. Y no solo esto, la división política en 24 departamentos, cada uno con sus viejos y nuevos problemas sin solución definitiva, no es más que la expresión de un territorio desintegrado, dividido, heterogéneo y de acentuado chauvinismo parroquiano, sin soplos de integración por un futuro mejor para todos los peruanos.