Mi Otro Yo
Dinámica de un concepto | Dinámica de un concepto |
| Viernes, 28/03/2008 | ||||||
|
No podía ser de otro modo, los intelectuales sintetizaron estas influencias y en América del sur, José Enrique Rodó, escribe “Ariel” (1899). Se declara latinoamericano y heredero de las tradiciones clásicas y de sus desprendimientos Francia, Portugal y España, hermanas nuestras. Con él, nace Ariel (Latinoamérica) una identidad basada en la luz, la poesía y la alegría, opuesta a la ciencia, al utilitarismo y al materialismo de los anglosajones-protestantes, enemigos de Calibán (Norteamérica) y profundamente peninsulares. La reconciliación con España, plasmada en la confluencia de los intelectuales del sub continente con pensadores hispanos de la Generación del 98 (Unamuno, Ortega y Gasset, Baroja y otros). La confrontación con los EE.UU. e Inglaterra se plantea desde el punto de vista cultural sin cuestionar las bases del poder colonial de entonces. Diferente fue la visión de José Martí (A. Roig. Nacionalidades, Nacionalidad Continental y Cultura en nuestra América, 1980) y a partir de él se forjó el antiimperialismo latinoamericano, que le dará un sentido al termino hasta las posteriores contribuciones del indigenismo y el socialismo de José Carlos Mariátegui o de Víctor Raúl Haya de la Torre que acuñó Indoamérica, como un modo de rescatar el aporte de los indios a la constitución de Latinoamérica, pero con un destino diferente al que soñó su compatriota, Mariátegui. En el principio, el pan latinismo en el sub continente fue francés y pronto devino en un gran esfuerzo por desarrollar un hispanismo. José Vasconcelos buscó reconciliar a los conquistados con el conquistador. Conciliar latinidad, hispanismo e indigenismo y constituir una “Raza cósmica”: los latinoamericanos. En los años 50 el eje del latinoamericanismo, deja de ser lo racial, la racialidad. Ahora empieza a ser importante la dependencia y el desarrollo. Los nuevos mitos de la latinidad son el positivismo, la idea de progreso y la unidad e identidad latinoamericana pasando por la afirmación de la identidad nacional. Tampoco es posible ignorar la contribución a este latinoamericanismo, las ideas de la iglesia cristiana. En los años 60 se hace frecuente denominarnos Latinoamérica y coincide con la manifestación de una América Latina convulsa, en búsqueda de una alternativa política e ideológica que se plasmará en las investigaciones de las ciencias sociales y reflejar a en las artes, y la letras de nuestros países. A partir de los sesenta nace una nueva literatura, un nuevo cine, un arte nuevo, una nueva canción y latinoamericana, una religión tradicional confrontada por una teología de la liberación (Gutiérrez, Boff, Richards), un pensamiento económico y una industrialización, unas ciencias sociales latinoamericanas. La incorporación de Brasil a la latinoamericanidad, en suma un nuevo discurso sobre América latina. En suma, una agenda para cancelar el pasado, el colonialismo económico y cultural, desmontar la imagen de un continente abierto sin medida, a todo lo externo. Surge aquí la idea de un hombre nuevo, el ideal russoniano del buen salvaje, con una conciencia critica nacional e internacional. Una América latina que bulle en Carlos Fuentes y Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Augusto Roa Bastos, luego con Gabriel García Márquez, Vargas Llosa, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, una literatura universal de frente al mundo. En los 80, se inicia la era de los programas de estabilización y las políticas de ajuste, de la crisis de los paradigmas, de los desbordes populares y la anomia social en toda América Latina. Crisis y represión caracterizó a nuestros pueblos en esta década. Entonces nuestro escenario se pobló de modelos económicos Friedmanianos y dictaduras militares, de los Chicago Boys; de conversos que ayer quemaban lo que adoraban y adoraban lo que habían quemado. Fin de las utopías, cinismo y corrupción. En los 90 pautea nuestras vidas el Consenso de Washington, los outsider, la crisis del Estado de bienestar, del populismo. El neoliberalismo hegemónico, globalización y revolución de las tecnologías y la emergencia de la sociedad de la información. El latinoamericano existe en la red, hasta nuestros días. América Latina hoy hace grandes negocios y tiene indicadores económicos en ascenso inevitable, pero ha retornado a la producción primaria, a los servicios, las actividades extractivas, mientras la investigación, la ciencia, la educación retroceden peligrosamente. Casi como en antaño. Como si ser latinoamericano, por momentos, fuera retornar al pasado diferente. Escribir Comentario
Visitas: 907
|
||||||
| < Anterior | Siguiente > |
|---|



Si alguna influencia tuvo Francia en América fue con el latinismo. Esta idea fue asumida por la intelectualidad y los políticos del siglo XVIII. De todos sus argumentos, la racialidad fue el más importante, que se tornaría en el racismo más implacable en nuestras vidas.

El papel que jugó Rómulo León Alegría, como inocente lobista, se acercaba a lo maf...







