 Ya se escuchaba venir el “podrás engañar un tiempo, pero no todo el tiempo”, para Laura Bozzo. Y es que hacer fortuna, lograr poder y conseguir fama, a costa de quienes viven en la miseria, sí tiene precio. La vida te pasa la factura, y nada de eso que disfrutaste, ten por seguro, será gratis. Laura Bozzo, se escondía bajo un manto de mentiras. Difundía una somnífera publicidad de ayuda para los pobres, cuya finalidad no era otra, que enriquecerse y convertir a la gente en guiñapos humanos. Haciéndolos seres dependientes, gracias a sus carencias. De esta forma, lograba que mintieran y se sometieran a vejámenes tan degradantes como el lamer axilas y pies en público.
Y es que, dependencia por necesidad, es una dura realidad, algo similar a una droga, que hace estragos en el estado emocional de las personas, llevándolas a extremos de pisotear su propia dignidad. Laura Bozzo, conoce muy bien el manejo del arte de este tipo de manipulación emocional. De allí que podía mantener a hombres y mujeres prestándose al juego de la vida real, en un teatro muy bien montado. Producto peruano, con calidad de exportación.
La pesadilla del “miente, miente, que algo queda”, para la otrora mujer, que se elevó a la cima de la popularidad, marketeando su nombre como la defensora de los pobres, acaba de empezar. Atrás, queda el recuerdo oscuro de aquella ilusión de poder que le dada un gobernante y su asesor. No importa que tan alto grite ahora, lo cierto es que la ley y la justicia la desean, y todos los demás no la quieren ni ver. Las puertas han quedado cerradas para ella. Nada como una buena lección para que la próxima “vigile a quien pisa al subir, porque de seguro que lo encontrará nuevamente al bajar”.
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