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La cantante colombiana Shakira, Antonio De la Rúa, su novio, y el intérprete del “Tren de los momentos”, Alejandro Sanz, viven hoy la génesis de una tortura mediática. Y es que el precio de la fama obliga a pasar por alto, rumores tan sórdidos, como los que andan circulando por diversos medios del espectáculo: la existencia de un video sexual que los comprometería a los tres. Se repite así, un rumor iniciado por un singular personaje, llamado Javier Ceriani (Programa radial, Zona Cero, en Miami), quien, no sólo, dice saber de la vida íntima y personal de estos tres personajes, sino de otros como Christian Castro, Valeria Liberman o Ricky Martin.
Y si de desnaturalizar la misión de informar se trata, el Perú tiene su propio escenario. Muchos, quienes recitan la oración del ser periodista, han hecho del rumor su arma predilecta para sus conspiraciones. Carnada perfecta para captar adeptos del morbo y la especulación. Una práctica que destruye, aniquila y polvoriza la imagen, el buen nombre y el espacio privado de dignidad de las personas. Y es que si el rumor, en el ámbito íntimo, resulta una suerte de certeza, en lo público se admitirá sin la menor cordura ética, aseverándose sin rigor que “la opinión pública tiene derecho a estar informada”, como si se tratase de una información de interés nacional. Verdad o mentira, negro o blanco, la vida privada es inherente a uno, descansa y reposa sobre nuestra propia moral. Quiénes somos, me pregunto, nosotros, los mortales para dirigir nuestro índice al otro, sin antes contemplarnos en el espejo de nuestros propios laberintos, donde ángeles y demonios se ciegan juntos. No pretendamos, por tanto, castigar con nuestra lengua viperina, nuestro propio reflejo vista en la vida del otro. Como seres humanos no seremos los mejores. Pero como profesionales, intentemos ser buenos periodistas.
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