Ser o no Ser
El árbol, anfitrión y soberano | El árbol, anfitrión y soberano |
| miércoles, 09/04/2008 | ||||||
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Cada año –precisa impertérrita la estadística- cuarenta y dos millones de hectáreas de bosques tropicales son destruidas en el mundo. Acción que obliga entonces a las megalópolis a arborizar sus interés para oxigenar sus malas conciencias; por lo general se hace simultáneamente con la inauguración de una nueva mole de cemento que pellizca las posaderas del cielo. O si no, sus habitantes migran a lugares que todavía confraternizan con árboles y animales, donde la terapéutica vegetal sigue siendo un notable componente de la salud colectiva. Árboles hay de variadas envergaduras y tamaños y formas y cualidades. Desde el árbol de amor, planta papilionácea (cuyo ancestro místico sería el “árbol del bien y del mal”, del cual la primera pareja cogiera el fruto prohibido para disfrutar de la terrena y feliz lujuria...), hasta los hermosos helechos – árboles de las áreas tropicales, pasando por nuestro queridos eucaliptos, pinos, nogales, algarrobas, palosantos, guayacanes, entre otros. Todos ellos notables anfitriones del ecoturismo. ¿Cómo privilegiar hoy el desarrollo de la industria del turismo, de la industria aséptica de complicidades con la polución que interrumpe la fotosíntesis; es decir, el mismo proceso biológico? Actualmente hay una nueva conducta turística, un proceso de creciente consolidación: los habitantes de las grandes ciudades, sobre todo de Europa, Japón y Estados Unidos, empiezan a sentirse prisioneros en sus ciudades; empiezan a atosigarse (a empacharse, diría sarcásticamente Ricardo Palma). Esta realidad los lleva a emprender viajes cada vez más alejados de sus sitiadas ciudades, por la polución y la migraña. Así piensan doblegar a esa crónica sintomatología de la urbe. Y cuando deciden hacer turismo más allá de sus fronteras, ya sea en África, Asia o Latinoamérica, no concentran su tiempo en las capitales o en las ciudades grandes, que cada vez se parecen más a las suyas. Escribir Comentario
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El Universal Tolsol aseguraba que tanta emoción y sensualismo experimentaba con las caricias y solidaridades humanas, como con aquellas que prodigan los árboles a través de su acción purificadora del oxigeno, de su longeva y paternal presencia (recordemos que la madera ha sido durante mucho tiempo la única fuente de calor que han conocido los hombres) y de su bondadosa sombra; convirtiéndose así al árbol – junto con el perro- en fiel amigo del hombre y en soberano del reino vegetal. De allí que debe haber, en el enrarecido medio ambiente, mucha infidelidad a propósito de irracionales talas de bosques, en vez del saludo cotidiano: ¡Hola árbol, como estas viejo amigo!.
Desde la toma como administrador de Panamericana Televisión, Genaro Delgado Parker ha sometido a dicha televisora, y a sus recursos humanos y materiales,...








