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Tomando como ejemplo, lo expresado en por el talentoso Aldo Marcos Miyashiro Ribeiro, joven promesa de la producción en la televisión peruana, diré, también, que “mis experiencias son mi inspiración”. De allí, que habiendo caminado entre los vaivenes de barrios, calles y, cuando no, distintas sociedades, casi siempre tropecé, con aquellos que se adjudican la marca de “machos”. Quienes no esconden ese complejo de inferioridad, ante la competencia que suponen tienen en el sexo opuesto.
Algunos muy delicados, disfrazándola con espontánea amabilidad y otros, con ese lenguaje procaz y lesivo. Una suerte, para algunos, de costumbre cotidiana. Pues se dice, que cuanto más hombre, más grosero se debe ser. De allí, que también, se intente hacer creer que ciertas actividades, como el fútbol, por ejemplo, debe tener ribetes de comportamiento hostil y grosero. Sólo, porque nació con línea masculina. Aldo Miyashiro, creador de series como “Misterio” "Lobos de Mar" y "La Gran Sangre", refirió en su programa “Enemigos íntimos” (Frecuencia Latina) y, con razón, "que en un partido de fútbol, se dicen groserías”, vista desde una triste realidad y sin ser nada justificable. Sin embargo, a la sintonía de su primer comentario, decir “que una mujer, en esas condiciones no podría ser árbitro”, huele a total discriminación. Esto, con respecto a la indignante y repudiable actuación del futbolista uruguayo Mario Leguizamón, luego que fuera expulsado por la jueza Silvia Reyes en el partido entre San Martín y Alianza Atlético. Miyashiro no sólo quizo dejar claro ante sus televidentes que para él "las mujeres no deben dirigir en el fútbol masculino", sino que realizó un comentario ácido y grosero sobre la vida sexual de la colegiada, al propio estilo de un chico de barrio malo. Intentar apaciguar el sentido reproche de algo, nada digno para una dama, so pretexto de rudeza en el vocabulario de los jugadores en un partido de fútbol, no es muy atinado. Aún, estando inspirado, sobre una experiencia de vida. Pues, lo que para mi puede ser normal, para millones de personas en el mundo, no lo será jamás. Ya que, hay espacios inimaginables de discriminación, que de vivirla mi hija, mi madre, mi hermana, lastimaría una bien marcada hombría. Hombres y mujeres, podemos diferenciarnos biológicamente y, sólo, en algunas cosas que son obvias. Pero, de forma intrínseca en dignidad como persona humana y como individuo a nivel social, político y laboral, estamos en igualdad de condiciones. Al menos así, lo estipula la legislación peruana y lo reafirman normas supranacionales. El respeto a la dignidad de la mujer es igual de importante que el respeto a la del hombre. Por ello, algunos hombres no deberían olvidar, lo que una vez dijo Pedro Calderón de la Barca “No hables mal de las mujeres: la más humilde te digo es digna de estimación, porque, al fin, de ellas nacimos”.
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