
De nada sirvieron sus lágrimas. La súplica de aquel “¡por favor, no merezco estar aquí!”, era un eco de silencio en medio de la nada. De seguro, no entendía y, aún, no entiende, como funciona la ley. Angie Jibaja, era condenada a dos años de pena privativa de libertad efectiva, lo que significaba, su anunciado encierro. Una fría celda del penal Santa Mónica, la aguardaba.
Para Angie, la mañana del jueves 24 de abril, seguramente, no fue como los otros días. Pues, la ansiedad la carcomía, aunque lo disimuló muy bien ante cámaras, cuando altiva y a su estilo, ingresaba a Palacio de Justicia. Claro está, confiaba en su abogado. Sólo que, algunos “profesionales” del derecho, por no decir muchos, dicen medias verdades a quienes patrocinan, no los ponen en autos de la gravedad de hechos, que pueden provocar un inminente encierro. En este caso, se debió informar a la señora Jibaja, las consecuencias, de su acción punitiva y la gravedad al ser declarada reo contumaz, evidencia de burla a la investidura de la autoridad jurisdiccional, por ser renuente a su llamado.
Los estados violentos y desinhibidos de la Jibaja, producto del alcohol y las drogas, ya son harto conocidos. Algunos no pasan de una expresión de lastima o de rechazo moralista. Pero, no se puede pasar por alto una acción delictiva. En el 2006, el Trigésimo Tercer Juzgado Penal de Lima, que despacha la doctora Flor de María Hermosa, abrió instrucción penal en contra de la modelo, por el delito de lesiones leves, en agravio de la joven Vanesa La Torre Cutipa. La modelo, le causó una herida en el rostro, en una conocida discoteca limeña. Proceso que concluyó, con la presente sentencia condenatoria de prisión efectiva y del pago de 3 mil nuevos soles, como concepto de reparación civil, a favor de la agraviada. Por tanto, el proceso ha sido legal, así como, la emisión de la sentencia. No obstante, la pena impuesta no es proporcional al delito cometido.
Decimos esto, porque pareciera que hubo una presión mediática y no la aplicación de la ley con criterio de conciencia. Prevaleció, un ánimo castigador, más que el resocializador. Pues, las cárceles en el Perú, no serán jamás, medio eficaz para reformar al reo. No sólo, por las condiciones humanas denigrantes con facilidades del expendio de licor y drogas. Sino, porque en ellas se reproduce las mismas pautas de comportamiento punitivo que en el exterior.
Una espada de doble filo, que representa la cárcel, para algunos. Esperemos que no le juegue en contra a Angie. Nuestra intuición nos falle y nos ayude a pensar, que más que un medio de perdición, sea el de salvación para ella. Y mucho, dependerá de la rapidez con que se mueva su abogado. Ella, podría en poco más de cuatro meses, volver a la vida de la libertad. Y es cuando, sabremos, que tanto valió la pena su encierro.