|
Una leve decepción reposa en nuestro ser, cuando vemos desmoronarse la vida en pareja de algunos. De aquellos, que sin permiso se atrevieron a hacernos soñar que el amor existe y, que ese "sí" frente al altar, era en verdad real. No logro entender, cómo aquellas palabras de ternura, tantas veces repetidas del uno para el otro, se convierten, luego, en el más despiadado látigo de acusaciones y reproches. Tampoco comprendo, cómo se puede lastimar el cuerpo, que fundido en uno solo, muchas veces nos hizo tocar el cielo y, entre la magia celestial y terrenal, logró procrear vidas.
En 1992, un apuesto y nervioso joven de nombre Gabriel Maidana, en la ficción, conquistaba el corazón de la hermosa e intrépida Lucía Morelli, en la telenovela “Gorrión”. Una historia de amor, que Cristian Meier y Marisol Aguirre, los protagonistas, intentaron llevar a la vida real en 1995 cuando se casaron. Lamentablemente, el mundo de cristal que muchos como ellos, logran construir, terminó rompiéndose. Cristian Meier y Marisol Aguirre, se casarón, quizás, pensando que se amaban, intentaron soportarse y buscaron la forma de agradarse. Tras la pasión y ese deseo recíproco, buscaron ansiosamente el amor. Pero no lo lograron. Aquel espacio de comprensión, paciencia y tolerancia, fue esquivo para ellos. Pareciera que sentimientos negativos echaron raíces, rutina diaria de muchas parejas que, finalmente, hizo naufragar un sueño de familia. Los hijos no entenderán razón alguna que justifique que sus padres no estén juntos. Puede que parezca que se entiende, pero no es tan cierto en el corazón de los inocentes. Hoy, luego de casi 6 meses de intercambios verbales, especulaciones varias, finalmente llegaron a un acuerdo financiero en el proceso de divorcio. Tal parece que las relaciones de pareja fueran experimentos que finalizan de manera burda, tranzando la mejor oferta económica. El actor tendrá que pagar a la actriz 50 mil dólares por los 13 años de matrimonio. Así mismo, otorgará una pensión de 12 mil soles a sus menores hijos, que con justicia y por deber les corresponde. La patria potestad será compartida por ambos. Y si todo va bien, en un año nuevamente serán libres. Marisol, tiene sus razones. Pues, como mujer debo intentar entender a otra mujer. Aunque la rabia no justifique las palabras vertidas con malicia y cierta insinuación, porque no se trata sólo del hombre, del marido, sino del padre a quien juzgamos. Cristian puede sentirse dolido y con razón. Pero, nada justifica que esa rabia pueda descontrolarlo y transformarlo en vil y ruin. Mantener prudencia, ser justo y equilibrado es lo más razonable en un divorcio, sobre todo cuando de por medio están nuestros hijos. Verdadera lástima provocan algunos malos amantes, porque no tiene la capacidad ni la dignidad de mantener dentro de la esfera de lo privado, lo vivido con un hombre o una mujer.
Visitas: 589
|