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"Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”, dijo el inmortal Albert Einstein. Y no le faltaba razón. En el fondo, esa "hipócrita" aceptación de aquellos que consideramos "inferiores" no es más que el disfraz de turno para salir "bien parados" de una situación embarazosa. Y es que muchos bailan cumbia al compás del marketing.
Hace poco, una de las revistas más exclusivas en el Perú, como lo es “Cosas”, en su edición que tiene en portada al tenor Juan Diego Floréz y a la ex modelo alemana Julia Trappe, protagonistas en Lima de la “Boda del año”, entrevistó en nota exclusiva a los integrantes del “Grupo 5”. El título fue: “El embrujo del Grupo 5” y, a manera de introducción se dijo: “Hace 35 años, cuando se formó el Grupo 5, en Monsefú, la cumbia era la música de los marginales. Ahora es el ritmo de moda de la sociedad que ha convertido al Grupo 5 en una de las orquestas más conocidas y exportables del Perú”. En la entrevista, estos jóvenes talentosos y, con carisma propia, manifestaron el sentido valor de identidad hacia su grupo, los inicios difíciles y el consiguiente éxito, que con justicia se han ganado en este Perú multicultural y multirracial, que sin hipocresías, gusta de la cumbia. Esto de la entrevista, aparentemente, fluía sin ánimo prejuicioso. Sin embargo, cuando la revista obligó a los jóvenes a desprenderse de sus modestos atuendos para vestirlos con ternos de Ermenegildo Zegna, relojes Pierre Cardin, sacos Prada y sweaters de Valentino, para las fotos, vinieron los problemas. La representante de Designers, tienda, que vende prestigiosas marcas de moda italiana y, que fue, quien “prestó” las prendas para realizar las sesiones fotográficas al “Grupo 5”, al enterarse, quienes vistieron sus prendas, expresó con indignación, ante un medio de comunicación, que el perfil de sus clientes es de “gente seria: políticos y músicos”. Pero no para músicos de cumbia, por que según dijo “la cumbia no es seria”. Ante la insinuación de que discriminaba dijo “no es una discriminación racial, porque también tengo clientes ‘oscuritos’”. ¡Vaya!, ¿no discrimina la señora?. Bueno, al menos en medio de esa carencia interna, es sincera, de allí que dijera que ahora antes de “prestar” su ropa, solicitará el currículum vitae y una fotografía del personaje a vestir. Y “esto se enviará a la casa matriz en Italia y ellos decidirán”. Así, hará que sacudan el polvo desde más arriba. Tal vez, si naciéramos de nuevo, en una nueva sociedad, donde, exista una mirada de igualdad entre todos, no habría tanto abismo racial, escondido o gritado entre los peruanos. Pues, aunque no es mi deseo, herir susceptibilidades, diré que mucha gente, por no decir todos, somos excluyentes. De allí, que exista la cultura de la hipocresía, donde decimos aceptarnos tal como somos, sin embargo, cada día intentamos parecernos a otros. Se dice que aceptamos al otro, pero sólo lo hacemos por conveniencia. Apenas se da la media vuelta, casi en silencio susurramos “es gay”, “huele mal” o que “fea” o “cholo” es”. Una realidad, que no sólo sucede en los espacios de elite, sino, también, increiblemente, entre los propios "excluidos".
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