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Tercera Dimensión
Nápoles: capital del caos
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Nápoles: capital del caos | Nápoles: capital del caos |
| domingo, 25/05/2008 | ||||||
«Nápoles es mil colores». Así empieza una popular canción napolitana, en la que se describe con soñadora precisión lo que sería Nápoles sin basuras, sin Camorra y sin linchamiento de inmigrantes. Esa utópica visión es la que quiso ver el consejo de ministros celebrado por Silvio Berlusconi el pasado miércoles cuando, cumpliendo la promesa de convocar la primera reunión de su gabinete en la capital de la región de Campania, se encontraron ante una ciudad limpia, como si en ella no hubiera pasado nada en las últimas semanas, como si el caos fuera una cosa del pasado.Pero los napolitanos saben que la limpieza de ese día apenas fue más que un superficial «lavado» de cara, porque el problema persiste, como asegura Sandro, propietario de un pequeño hotel en el centro de la ciudad. «Bienvenidos al espectáculo», nos anuncia a nuestra llegada. ¿Espectáculo? «Nápoles se ha convertido en un espectáculo: con su mafia y sus basuras. Aunque haya otro espectáculo, más hermoso, el de su historia y su arte». Pero éste hoy interesa bastante menos. «Yo vivo en Roma, donde estudio con una beca Erasmus, pero he querido venir a Nápoles para ver cómo está la ciudad durante este consejo de ministros». Es Rachael quien habla, estudiante inglesa y, durante estos días, «periodista» espontánea que desciende del tren armada con su cámara de fotos y dispuesta a no perderse nada del espectáculo del caos. «A mí Nápoles me gusta, personalmente no me da más miedo que cualquier otra ciudad más o menos grande, pero aunque parezca siniestro, quiero hacer fotos a las basuras que es algo que no tendré oportunidad de volver a ver». Que en una postal o imagen para el recuerdo de Nápoles aparezca bien visible una montaña de basura puede parecer una idea descabellada, pero hay gente para todo y, aquí, les aseguro que en estos días había turistas que se fotografiaban con fruición junto a un cúmulo de desperdicios. Con sus calles empinadas, su fortaleza, el castillo en medio del mar y el carácter afable de su gente, Nápoles tiene mucho que ofrecer... pero en otras circunstancias. Lo sabe muy bien el director del Instituto Cervantes de Nápoles, José Vicente Quirante, un enamorado de la ciudad. «A mí me encanta. Fui yo quien decidió venir aquí, y me apasiona», explica, entristecido por el escándalo de una suciedad que se ha convertido en nueva imagen y emblema de una capital que entre basuras y Camorra no levanta cabeza: «El ciudadano de a pie ha soportado más de lo humanamente soportable. Es como para mandar la basura a los políticos», afirma. «Ha sido difícil vivir así, sobre todo durante los días en que empezaba a hacer calor y el olor era insoportable», relata, al tiempo que señala cómo en el centro cultural español se detecta un claro descenso en el número de asistentes a sus actividades: «La gente, obviamente, tiene otros problemas en los que pensar». Nápoles es una tierra caótica. Contiene el caos de todas las ciudades portuarias, un caos «bello» que se acompasa al humano ritmo de la gente. Pero esta «melodía caótica» la interrumpe ahora una «confusión del caos» que provoca un profunda depresión en sus habitantes, y que fuerza que la mirada de todo el mundo se vuelva con estupor hacia una ciudad en la que da la impresión de que el Estado ha estado ausente durante un largo tiempo. Es un caos producto de una ininterrumpida sucesión de escándalos que tienen a la mafia napolitana en su origen. Y que golpea con especial dureza al pequeño empresario. Habla Emilio Alsano, presidente de la Asociación de Pequeños y Medianos Empresarios de Nápoles: «Todo lo que está sucediendo genera una “des-economía” en la ciudad, que es resultado no sólo de una reducción de ventas o de la dificultad por la que atraviese tal o cual sector, sino por la imagen que damos». En su opinión, el debate sobre la seguridad —centrado durante estos días en torno a la inmigración ilegal— es importante porque «cuanto más seguro se siente uno, más competitivas son las empresas», Pero lo primero es lo primero. Y antes que nada hay que resolver qué hacer con unas basuras que, al margen de los periodos de «espejismo» provocados por las reuniones del Gabinete, pueden volverse a apilar escandalosamente en las calles. Basuras, seguridad y mafia, por otro lado, son realidades que aquí se dan la mano. La invasión de desperdicios que aqueja a la ciudad tiene lugar en un sector económico controlado por la Camorra que, tal y como cuenta Roberto Saviano en su novela «Gomorra», ha estado «importando» durante décadas toneladas de deshechos desde el Norte rico e industrial. Hasta que la población —alertada por un aumento en el número de enfermedades de cáncer— dijo basta y se negó a dejar que se construyeran más vertederos. Ahora no hay donde eliminar la basura que se acumula dantescamente en las calles cuando no es «exportada» a Alemania y otros países. Con un impulso de optimismo, no obstante, y desde un punto de vista muy empresarial como es de esperar en él, Alsano nos habla de la basura como de una posible fuente de ingresos, como de un tesoro. «Si las cosas se hacen bien —matiza—, la basura es una gran riqueza porque siempre habrá desperdicios, y si te ocupas de su reciclaje, ahí hay un gran negocio, aunque, claro, antes hay que mentalizar a la población». Verónica Becerril Escribir Comentario
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«Nápoles es mil colores». Así empieza una popular canción napolitana, en la que se describe con soñadora precisión lo que sería Nápoles sin basuras, sin Camorra y sin linchamiento de inmigrantes. Esa utópica visión es la que quiso ver el consejo de ministros celebrado por Silvio Berlusconi el pasado miércoles cuando, cumpliendo la promesa de convocar la primera reunión de su gabinete en la capital de la región de Campania, se encontraron ante una ciudad limpia, como si en ella no hubiera pasado nada en las últimas semanas, como si el caos fuera una cosa del pasado.

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