
El viernes pasado la policía nacional realizó un mega operativo en las zonas más peligrosas del Callao con el objetivo de combatir la delincuencia y la micro comercialización de drogas. Participaron dos mil quinientos policías. Hubo diez personas detenidas y se decomisaron más de mil ketes de droga.
Este hecho ha provocado una serie de reacciones en la ciudadanía. Mientras unos se muestran muy radicales, otros abogan por resolver el problema desde un punto de vista social. De cualquier manera, el problema ya lo tenemos encima. Son miles de pandilleros en todo Lima. Desde aquí vamos a intentar dar una respuesta a este fenómeno social.
Todo pasaría por la pérdida de identidad... El Perú, es un país con un proceso histórico social peculiar, debido a la fractura de su cultura original y el desarrollo incompleto del mestizaje consiguiente. Esta es una situación que acarrea inquietudes y reflexiones sobre la realidad de nuestra esencia y de nuestra identidad, planteándonos interrogantes que no siempre encuentran respuesta satisfactoria.
La debilidad o vaguedad del concepto de identidad, cuando no su ausencia, es cosa común, y podemos comprobarlo en la mayoría de peruanos.
Hagamos un discernimiento en cuanto a moral e identidad. Si hablamos de moral, la entenderemos como el marco dentro del cual nos movemos respetando las reglas y los valores formalmente aceptados por una comunidad cultural. Es la convivencia que se desarrolla en forma ordenada. La moral de una comunidad no es represiva, porque en el acatamiento voluntario se estrecha el vínculo de pertenencia a un grupo humano, afirmando su identidad cultural.
La inmoralidad se entiende cuando el individuo trasgrede las reglas y valores que rigen en la comunidad donde vive. El individuo comete una falta y tiene sentimientos de culpa. Esta conciencia sobre sus faltas, es una tácita aceptación de la moral que norma la sociedad a la que pertenece.
La amoralidad, en cambio, es una reacción de típico rechazo por parte del individuo a la moral de la sociedad donde vive. Para el amoral, las nociones de moral e inmoral no cuentan. Su comportamiento está orientado a cubrir las apariencias. El amoral no tiene sentimientos de culpa. No se identifica con la sociedad en la que vive y, por lo tanto, no le importa trasgredir las normas.
Entonces, podemos deducir que la amoralidad es consecuencia de una grave crisis de identidad. Por el contrario, la afirmación de la identidad hace a las personas responsables, conscientes y solidarias, expresado todo ello en comportamientos equilibrados y consecuentes con su sociedad.
Entonces, recordemos que desde la década del cuarenta, del siglo pasado, comenzaron las migraciones de la sierra a las ciudades de la costa, especialmente Lima. Estas se profundizaron durante la década del terrorismo. Y, actualmente, aunque muchos han logrado regresar a sus tierras, aún persiste la migración, debido a la búsqueda de mejores condiciones de vida...
Llegados acá, se enfrentan a una ciudad que, precisamente, no los acoje. Donde no tienen las oportunidades que esperaban, donde son discriminados. Donde la falta de educación formal y carencia de capacitación los destina a realizar cualquier trabajo... cobradores de colectivos, vender caramelos en las “combis”, vender libritos de “cultura general”, lapiceros, llaveros etc... hasta, historias sorprendentes con tal de conseguir algunos centavos diarios.
Y qué decir de los cerros limeños, la mayoría de los que circundan Lima, están tugurizados, sin agua, sin desague, sin electricidad, con pocos servicios de salud... casitas de cartón y plástico... a nadie le importa...
Encima de todo ello, la terrible discriminación por... ¡ser serranos!. Entonces comienzan a esconder sus orígenes, a olvidar sus costumbres, sus valores, comienzan a imitar o adoptar usos y costumbres foráneas... comienzan a perder su identidad. Este fenómeno se da especialmente en las nuevas generaciones... y ya vamos contando varias...
Y, se cierra el círculo, pérdida de raíces, pérdida de valores, pobreza, falta de oportunidades..., alienación..., pandillaje. Pandilla, para un sentido de pertenencia, para un horizonte en sus vidas, aunque éste sea malo para nosotros, pero no lo es para ellos...
Un día, una señora de una ONG que acogía niños de la calle, dijo “Nadie escapa a la terapia del amor” ... Y sí lo creemos, al amor, a la educación, a la oportunidad...
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