Sami Naïr, profesor universitario en España, en un artículo para El País.com (1.8.07), reproducido y comentado en varios blogs de intelectuales latinoamericanos, planteó una visión e imagen del presidente de Francia, que por lo menos merece leerse en un comentario, ojalá suficiente.
“Es un jefe, por sobre todas las cosas”, escribió Fair, y si lo comparamos con otros mandatarios franceses, es un gran organizador mediático, un hombre para los medios, que sabe pulsar el ambiente, captar la atención, mantener la tensión, el ritmo y los temas de modo que transforma al ciudadano en un espectador, en un simple consumidor de imágenes. Un imagofágico. Sabe que sus receptores se cansan rápido y que no hay que darles tiempo para profundizar en las cosas.
Nicolás Sarkozy, es rápido, brutal, dosifica la violencia, el sexo, la vulgaridad y la ingenuidad, casi como una película norteamericana. No quiere que lo juzguen desde la critica, todo lo contrario, persigue una adhesión molar a todo lo que hace. Es antibrechtiano.
Y ¿Cómo lo hace? El limitado Sarkozy, es un hombre post moderno, ha comprendido que un presidente no gobierna con ideologías, programas, alianzas y estrategias. No. Lo hace con apariencias, manejando su imagen, porque todo lo demás esta en otras manos (las finanzas, la bolsa, la riqueza, la política, los problemas sociales, todo esto no es su negocio. Después de todo, es alguien del poder que se mueve en un mundo en que nadie cree en nada; que no importan los valores y que las protestas de los olvidados y excluidos de la post modernidad son fácilmente sofocadas por el espectáculo y la sobre información mediática. Hoy la política no es explicación, si “explica”, entonces bastan
Flashes, break news y boletines de una serie de acontecimientos inconexos, escandalosos y trágicos que llegan a un público con reducida capacidad de análisis, debido a que la razón critica progresivamente se desvirtúa y degrada.
Los críticos dicen del Amante francés, que es un cínico, que no cree en nada, que es un maquiavelista perverso hasta de sus rivales. Es un simpático saltimbanqui que oculta a un conservador agazapado. Sin embargo, él no llama a sus adversarios, ellos corren hacia él, como los izquierdistas y otros que esperan ansiosos auto convocarse ante la presencia de Monsieur S. en el Eliseo. Se lleva bien con la izquierda pues hay muy poco que cambiar hoy en el mundo, los márgenes de acción política son muy estrechos y porque los socialistas, cuando están en la oposición son críticos, cuando están en el poder hacen la política de la derecha, solo que mejor.
Es muy interesante mirar al interior de los que apoyan a Nicolás Sarkozy. Hay muchos politicos profesionales que creen, debe permanecer en el poder, desde ya, dos periodos consecutivos, es decir renuncian a sus intereses personales como políticos que son. Los opositores frustrados se han transformado en cortesanos satisfechos. Bueno lo importante es estar cerca del poder, poco interesan las ideas. Esa, es lo que realmente importa.
El "horizonte de expectativas" sarkosiano esta cristalizado, se ha transformado de unas aspiraciones difusas en sumisiones sonrientes, ante un presidente post moderno, más realista que Sancho Panza y duro de convencer. No cambiará en sus orientaciones neoliberales, seguirá siendo el mejor defensor de la Europa liberal, seguirá utilizando a la inmigración como chivo expiatorio, aunque su servicio en el Eliseo este en manos de algunos beurs (jóvenes magrebíes); siempre será el aliado Estadounidense, quiere un Tratado europeo adoptado por el Parlamento, pero no en referéndum; quiere una "Unión Mediterránea" sólo para impedir que Turquía entre en Europa y para proponer un "nuevo" enfoque de la "inmigración seleccionada".
¿Será Nicolás Sarkozy el presidente que los franceses (y otros en el mundo) han esperado años?