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Mi Otro Yo
Anglofilia o anglomanía
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Anglofilia o anglomanía | Anglofilia o anglomanía |
| Jueves, 05/06/2008 | ||||||
Toda revolución es francesa. En el estilo, en los modos de hacer, en el despliegue apasionado, la espectacularidad y porque no, en la irracionalidad. Pero hay otros modos de procesar el cambio socio-político: la revolución a la inglesa. Que ocultó bien la sangre, sudor y lágrimas de muchos, que se impuso con cálculo y frialdad, progresivamente, y que se apropió de un cuarto de la superficie mundial en el siglo XIX. Así se hizo la revolución industrial inglesa. Las maneras inglesas, el modo de imponer el liberalismo en su suelo, produjeron fascinación y atrajo a los intelectuales y políticos en diferentes tiempos. Imposible negar que las islas británicas, desde el siglo XVIII, se convirtieron en paradigmas de libertad, ciencia y bienestar del mundo. Y el planeta entero se sintió magnetizado por los ingleses, además de buenas maneras y corteses. Surgió entonces la anglomanía, que es la fascinación que sienten los europeos por Inglaterra, al extremo de verse seducidos por sus leyes, moderación, tolerancia e ironía inglesas. Es una admiración que atribuyen nació o la promovió el filósofo racionalista francés Voltaire, que a la vez, despreciaba su literatura por vulgar y simple. Tampoco un filósofo puede hacer mucho. Le respaldaron con fuerza, entre otros: Rousseau, Montesquieu, Mirabeau, Madame de Stael, Constant, Mounier, ¿casi nadie?. Efectivamente, fueron los franceses los que impulsaron en toda Europa y en el mundo la anglomanía, por cuanto aprendieron a admirar de Inglaterra lo que ellos no tenían en su suelo. Desde 1789, la inestabilidad política se hizo crónica en la Francia liberal y revolucionaria, mientras en Inglaterra se vivía bajo el imperio de las leyes. Es verdad leyes pobres conceptualmente, pero eficaces a la hora de regular el poder. Para los franceses la constitución inglesa, a pesar de no ser una creatura popular, sin embargo es una combinación razonable y saludable de libertad y autoridad, de tradición y progreso, que evitaba los dramas revolucionarios y los inmovilismos reaccionarios. Y tampoco los derechos de los ingleses estaban consagrados en declaraciones universales filosóficamente brillantes y jurídicamente impecables a la vez que inoperantes; sino en viejos documentos que se adecuaban con el tiempo y las decisiones judiciales. El sistema político funcionaba - cual Big Beng- al conjugar gobierno eficiente, control parlamentario y robusta monarquía. En el campo intelectual, el pensamiento británico nutría las ideas de libertad y orden, y los intelectuales hacían su trabajo desdeñando las abstracciones y los dogmas (rechazaban los vicios del pensamiento francés) inclinados siempre hacia el common sense, el sentido común. Estilo que los llevó a apartarse de la especulación filosófica y a enfocar las cuestiones prácticas, relativas a la organización social y política, aún cuando los franceses los tildaran de campesinos y vulgares. No debemos olvidar que en la génesis de la anglomanía, sin duda alguna, tiene importancia la victoria militar de Inglaterra contra Napoleón. Una victoria que confirmó la eficacia de la institucionalidad británica, la fortaleza del gobierno. Nelson aplastando al Gran Corzo. Antes, todas las victorias francesas, sirvieron para la formación del nacionalismo inglés. La existencia de la anglomanía, no elimina la posibilidad, real, actual y manifiesta de la anglofobia. Guizot diría que “En el siglo XIX el centro del bien en el mundo era Francia, como Inglaterra era el del mal”. Para empezar, los revolucionarios jacobinos y los partidarios de Napoleón. Pero no vayamos muy atrás en la historia. Lo vemos todos los días. Los franceses a través de la historia guerrearon con los alemanes, pero no los miran con hostilidad, son los enemigos de siempre, pero no son los odiados, ¡Esos son los ingleses! Francia e Inglaterra no son vecinos, pero están apartados por la historia y los prejuicios. Como los latinoamericanos, solo que con menos escándalo y más diplomacia. Entre franceses e ingleses, después de todo lo narrado aquí, existe un problema tras esa fascinación que sienten franceses y europeos por Inglaterra, tal como lo explicó hace años Buruma. Un preservativo en Francia es “capote anglaise” y en Inglaterra “french setter”. En realidad, detrás del odio - nos parece- entre ellos hay una fascinación por el otro. Y el culpable es Voltaire. Escribir Comentario
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Toda revolución es francesa. En el estilo, en los modos de hacer, en el despliegue apasionado, la espectacularidad y porque no, en la irracionalidad. Pero hay otros modos de procesar el cambio socio-político: la revolución a la inglesa. Que ocultó bien la sangre, sudor y lágrimas de muchos, que se impuso con cálculo y frialdad, progresivamente, y que se apropió de un cuarto de la superficie mundial en el siglo XIX. Así se hizo la revolución industrial inglesa. 

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