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Parece que la realidad de antaño, respecto a esa esfera de contradicciones, diferencias y exclusiones, de la que se compone nuestra insulsa sociedad, está aún latente. Pues, “Luis Enrique”, inmortal personaje del famoso vals peruano “El Plebeyo”, inspiración del prolífico compositor de música costeña en la historia peruana, sigue hoy, con esa rabia interna, en silencio, gritando e implorando al cielo: “Señor: ¿Por qué los seres no son de igual valor?
Felipe Pinglo Alva, es el bardo de ayer y, también, el de hoy. Sus historias de ternura y rebeldía atrapadas en ese espacio creativo de interpretación musical, propio de su época, parecen recobrar vigencia. Hechos y personajes tiene el mismo corolario de ayer. Queda intacta la enfermedad del repudio y la no aceptación del uno con el otro, que marcan las diferencias sociales, económicas y, cuando no, raciales y, por desgracia, una mucho más caníbal, las sexuales. Felipe Pinglo Alva, a través del arte de la composición musical, no sólo reclama el derecho natural de amar con libertad. También idealiza a la mujer obrera y su lucha reivindicativa, a la pobreza del niño y su lucha diaria por sobrevivir. El no podía permanecer indiferente al gran arraigo discriminatorio de su época. Su identidad socialista y su carácter humanitario se reflejaban en la música y letra de sus canciones como “Aldeana”, “El canillita”, Espejo de mi vida”, “El Plebeyo”, “Mendicidad”, entre otros, grandes temas, compuestos entre 1926 y 1936. Felipe Pinglo Alva, nació el 18 de julio de 1899. Su vida sencilla y algunas veces limitada por carencias, transcurrió en medio de complejas situaciones políticas. Su carácter se fajó, quizás, con vivencias en aquellos escenarios de historia y rebeldía: Barrios Altos y La Victoria, lugares donde vivió. Hombre altamente creativo, dicen que también bohemio y amante de la tertulia. Nada logró opacar su grandeza de humanidad ante el pueblo, que lo aclamó y aún lo aclama. El Centro Social Felipe Pinglo Alva, que mantiene vigente el recuerdo del compositor, está recordando el 79 aniversario de su muerte, con una serie de actividades en la capital limeña. “Felipe de los Pobres”, como también se le conoce, nos permite seguir cantando aquello de: “Ella de noble cuna y, yo humilde plebeyo, no es distinta la sangre, ni es otro el corazón, Señor, ¿Por qué los seres no son de igual valor?”, claro que, a un estilo acorde con los nuevos tiempos.
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