|
La deficiente educación de la gran mayoría de futbolistas peruanos es un tema que me llama soberanamente la atención, a raíz de casos como los de ‘Chiquito’ Flores, César Ccahuantico, Waldir Sáenz, por citar algunos ejemplos que están implicados en actividades delincuenciales.
Con esto no pretendo meter a todos los futbolistas peruanos en un mismo saco, pero sí quiero llamar la atención de que estos casos se están volviendo muy frecuentes. El discernimiento entre lo bueno y lo malo en el ser humano es una aptitud básica que debe ser aprehendida y catalogada individualmente, pero en el caso de los futbolistas ello queda supeditado más a un sentimiento colectivo que individual. Por ejemplo vemos, el caso de Raymond Manco a quien su entorno lo empuja o lo anima a ir contra su propia herramienta de trabajo (su cuerpo) con salidas nocturnas o le hacen creer que es una megaestrella escogiendo a qué medio declarar e insultando a un periodista (como lo hizo con Phillips Butters). O vemos el caso del juvenil Raúl Lizarbe de Sporting Cristal a quien se le ocurrió la más supina estupidez de probar droga “por curiosidad”. Recuerdo mucho un caso que tiene que ver con lo que considero un entorno malicioso en Alianza Lima. En el 2004, el dirigente Constantino Carvallo llamó criminal a Juan Jayo Legario por haberse llevado a tomar a Alexánder Sánchez. Carvallo señaló en esa oportunidad que ‘Wally’ Sánchez había tenido una infancia muy difícil y que a la dirigencia de Menores del club íntimo le había costado una enormidad rescatarlo del entorno negativo que tenía y que inducirlo a las malas noches como lo hizo Jayo era criminal. Al final qué pasó, pues Carvalllo ya no está en la dirigencia blanquiazul y Jayo sigue en Alianza Lima con contrato hasta el 2009. Todas estas inconductas tienen mucho que ver con la falta de instrucción complementaria a la que se da en el hogar. El factor común denominador de un futbolista joven en el Perú es que con las justas terminan el colegio y en muchos casos ni siquiera lo terminan. La falta de educación repercute notablemente en la capacidad cognitiva del futbolista que ve minimizada su capacidad de tomar la decisión correcta en una jugada o luego en su vida. Por ejemplo, salvando las distancias siderales en organización deportiva, en EE.UU. solo puedes jugar en un equipo profesional de Básquet, Béisbol, Futbol Americano si es que estudias en una universidad (salvo algunas pocas excepciones). Entonces en las ligas profesionales tienes a elementos con un IQ promedio que permite desarrollar verdaderos atletas al cual se le puede sacar su máximo potencial (en la NBA suelen jugar entre tres y cuatro partidos semanales durante tres meses). Hace algunas semanas escuché horrorizado a Waldir Sáenz diciendo que en el 2001 ganaba en Alianza Lima 20 mil dólares mensuales. Que lo haya merecido o no, no es el caso, sino que un futbolista trabaja en Part Time (entre tres o cuatro horas diarias y los fines de semana solo dos horas). Por lo que tengo entendido, el promedio de sueldos actual en el futbol peruano ronda los cinco mil dólares por trabajar un promedio de 16 horas semanales. O sea trabajan dos o tres horas diarias y el resto del día, se dedican a relojear, entonces eso debería acabar. Por ello quiero proponer lo siguiente. Que en los próximos contratos, el jugador debería trabajar ochos horas como cualquier persona común y corriente. Después de las tres o cuatro horas de entrenamiento, que formen parte de la labor de responsabilidad social institucional dando clínicas deportivas, presentándose con ayuda social en las zonas necesitadas pues con su sola presencia pueden alegrar y levantarle la moral a un niño o a una persona necesitada. Eso les va ayudar a comprender que todo en la vida no es diversión y ayudará a amenguar la sobrevaluación de la que son víctimas.
Visitas: 450
|