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Tula Rodríguez ya no será nunca más “Reina”, papel que interpreta en la serie “Los del Barrio”. Y es que aquella joven ataviada de rosa y con vincha de quinceañera, no pudo cautivar ni con su impostada ingenuidad, ni con la tristeza de aquella real piel de quien la interpretó. ¿Acaso Tula, ya no es la “mujer más feliz de este mundo”?. Ya no hay sonido en su risa, ya no hay tranquilidad en su mundo.
Quien sostenido a una cuerda en el vació está, difícil, es salvarlo. Michelle Alexander, lo intentó, más no pudo. Ya en su momento, tras una explicación, con disimulada mortificación, dijo que el bajo rating de “Los del Barrio”, se debía al escándalo mediático iniciado por la ex vedette. Vendía así, una imagen de impopularidad de la famosa chica del “click”. Y puede que su anunciada salida, tenga argumento, ya que para una madre, su hijo no es, sino lo primero. Por ello, ante un complicado embarazo, lo mejor, reposo absoluto, tal como lo prescribió su médico. ¿Sabia decisión?, o ¿respiro de alivio para la producción?. Y es que ante la posible fragmentación de intereses mucho más sagrados, como son las ganancias y el rating, los sacrificios se hacen necesarios. Sólo fueron veinte capítulos grabados por la Rodríguez. Lo suficiente para desperdiciar valiosa audiencia y tener muy poca ganancia. La solución emerge tras la figura de la nueva intérprete. Ella, Carolina Infante, actriz, según dicen, “de la misma talla histriónica que la de su predecesora”. Quien, además, en cuatro días, ya grabó diez capítulos de la serie. Vaya, la nueva Reina, no sólo tendrá nueva historia, sino que es más refinada y, ya anda con pose marketera, aunque su ropa será la misma. Tula Rodríguez, caminó por espinosos senderos y sobre el fuego de irracionalidad. Su aventura incierta de creer que lo íntimo y privado se comparte, la elevó al infinito sin salida. Se sobreexpuso y las consecuencias a la vista están. Y quizá repita en su alma aquellos versos de Poema Los Heraldos Negros de César Vallejo, que dice “Son las caídas hondas de los Cristos del alma, de alguna fe adorable que el Destino blasfema. Esos golpes sangrientos son las crepitaciones de algún pan que en la puerta del horno se nos quema”.
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