|
Para Oscar D’ León, ya no parece una utopía, tener de nuevo la cercanía de aquella rubia que conoció un día, según dice, con apenas 18 años y con aquel “traje rojo que marcaba sus curvas de guitarra”. Esa misma, que años más tarde, ya casada, arrogante y en público lo “negara” -situación que lo tomó por sorpresa, y lo sobrecogió hasta las lágrimas-. Pero, hoy, ante aquel atisbo de nostalgia deslizada con cierta coquetería por aquella rubia ilusión, emerje su ¿dormida? pasión.
Gisela Valcárcel, en la segunda edición de “Bailando por un sueño”, no sólo aludió reiteradamente su mala fortuna en el amor, sino que, tras escuchar el tema “Llorarás”, de Oscar D’ León, y el comentario de Carolina Guerra, concursante del programa, de que su abuelo y un tío habían sido trompetistas del famoso sonero venezolano, insinuante y coqueta dijo: “Tu abuelo fue la primera trompeta de Oscar, tu tío la segunda, pero yo, fui su amiga”. Pero no se quedó quieta, la “Señito”, avanzó un poco más, ante la suspicaz apertura al recuerdo, de aquella pasión intentada tantas veces silenciar. Dijo entonces: “Después del tema ‘Qué levante la mano’, viene Oscar D' León ¿por qué no?, y de ahí viene ‘Llorarás’ ups... Muy pronto va a estar acá y por qué no podemos cantar ‘Llorarás’... ¡Qué viva la libertad, señores!, qué lindo es poder tener la libertad de decir lo que uno quiere”. Claro, sin duda es fecunda la libertad de hablar, pero también, la es, la de escuchar. Y Oscar quiere ser escuchado. El ha dicho a flor de piel y más entusiasmado que nunca, no recordar como "amargo" aquél incidente donde le coarta, para no hablar más de ella. Pues, entendía que estaba casada y que debía comportarse como tal. Manifiesta, además, que fue muy difícil para ambos aquella situación, y que él no pudo contener el llanto, pues la eterna lejanía de sus besos, la sentía como una agonía. De sus palabras se desprende su sentimiento, que parece intacto y nada corroído por el tiempo. Ni el desaire, ni aquel olvido pasajero lo han mermado. Aunque con cierta ironía magnificada en lo vivido dice: “Donde hubo un incendio, cenizas quedan”. Casi de inmediato, con delicadeza y hombría replica: “Me da gusto que haya regresado a la televisión, pues es un ícono del pueblo peruano. Ojalá que Dios y la vida me sonrían y me den la dicha de volverla a ver. Sé que está separándose. Sólo tengo palabras de agradecimiento a esa gran mujer". En verdad, hay pasiones escondidas en uno. Fuerzas internas difíciles de contener. Cálidos recuerdos del ayer. Deseos y esperanzas retenidas, en aquella frase del “pudo ser”. ¿Qué paso?. Justificaciones, hay muchas, pero poco valor de confesar el miedo que no nos dejó "atrevernos". Hoy son sólo silencios. Las cenizas yacen en el frío de nuestras soledades. Alguien, debería, alguna vez, volver a atizarlas. Sería bueno, si se siente, darse la oportunidad de vivirlo de nuevo.
Visitas: 279
|