
Con Alfredo Cavero Piaggio hice una amistad cuando ya estaba retirado del fútbol y sus nuevas andazas tenían que ver con el quehacer periodístico de modo que nos encontrábamos a cada rato en las comisiones.
Escribo estas líneas al haberme enterado de su fallecimiento y se me viene a la memoria las charlas interminables en la que narraba sus correrías en el equipo del Tabaco y que luego pasó a ser Sporting Cristal.
Contaba con los ojos a punto de escapársele algunas lágrimas y con un sello nostálgico que también jugó en el famoso estadio del Pascual Guerrero y en suerte le tocó vestir la camiseta del Deportivo Cali en la época de El Dorado.
Tipo duro Alfredo, fácil de irritarse, nunca se tomó la molestia de aclarar el asunto de su apellido materno, decían unos que era Cavero Piaggio y otros afirmaban que era Cavero Matos. Alfredo se reía divertido y dejó la duda instalada en nuestras mentes aunque ahora sabemos que fue Cavero Piaggio.
Hablaba de fútbol todo el tiempo, sus encuentros con los de su época y la amistad que tuvo con el cañonero Lolo Fernández. Se decía que Lolo lo buscaba para que jugara a su lado porque Alfredo ponía buenos centros para meter el cabezazo.
La vez que la selección peruana jugó el partidote repechaje en Chile en 1985 en plena eliminatoria para el Mundial de México 86 en la tarde fatal del «Chevo» Acasuzo por los goles que se comió del «Mortero» Aravena, me encontré con Alfredo en las calles de Santiago.
Me dijo que no estaba designado como enviado especial del diario La República donde trabajaba sino que se había sacado en un sorteo los pasajes y los viáticos. No está demás decir que el sorteo fue patrocinado por la Federación Peruana de Fútbol.
Alfredo montó en cólera por el resultado, si hasta quería meterse a la cancha para corregir lo mal que jugaba la selección en el estadio Nacional de la capital chilena.
Alfredo, me imagino, era un futbolista que no le gustaba perder ni en las pichangas, unos decían que era un jugador técnico y hacía malabares. Eduardo «Pichirro» Salinas, periodista del diario Expreso, ya fallecido, decía que Alfredo operaba sin anestesia. «Era un tipo rudo, metía la pierna con fuerza y se llevaba todo lo que encontraba, eso sí a la pelota y sin mala intención», afirmaba «Pichirro» con su característica picardía.
Alfredo nunca lo dijo, al menos de sus labios nunca salió que fue el primer capitán de Sporting Cristal luego que Sporting Tabaco cediera la categoría al equipo de la cervecería.
Ha muerto Alfredo y es mejor recordarlo como fue, amigo de todos y carismático pese a que se irritaba muy fácil. Fue de hecho un buen tipo, de los mejores con quien compartí años en el periodismo y cada encuentro era pretexto para que contara sus anécdotas, porque fue un grande del fútbol peruano. Descansa en paz, Alfredo.