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Angie Jibaja, prisionera de barrotes y quién sabe todavía de sus propios infiernos, sigue siendo noticia. Esta vez, no fueron sus demonios persiguiéndola en aquel exabrupto laberinto que es su vida, sino la secuela de vanidad, superficialidad y de necesidad de aceptación en ese aparente paraíso, donde muchas y muchos quieren estar.
Y es que, la actriz del film “El Rey de los huevones”, tampoco ha sido ajena al embellecimiento artificial. Sus apreciados pechos, habían sido, también, milagrosamente moldeados gracias al toque mágico del bisturí. Un milagro de antaño que hoy casi es un susto. Pues, aquella proporcionada delantera, que con orgullo mostraba en las pasarelas, han tomado por sorpresa, también, al personal del INPE, quienes la trasladaron de emergencia desde su encierro hasta una clínica de belleza. ¿La causa?: la rotura de uno de sus implantes que le provocó un cuadro de infección. Ya nos imaginamos, evocando a Angie, el “Sin tetas no hay paraíso”, novela convertida en best-seller, del colombiano Gustavo Bolívar Moreno, donde entre otras realidades se muestra la ansiedad de una jovencita por hacerse unos implantes de mama, y así, poder ser aceptada en aquel submundo vil y cruel de los capos del narcotráfico, el que soñaba le generaría ganancias monetarias. Por desgracia, su ansiedad la llevó a caer en manos de delincuentes del bisturí, arruinándole sus naturales senos y por consiguiente la vida. Claro que no son hechos tan parecidos. Tampoco creemos que sus implantes hayan sido hechos por inexpertos. Lo que le habría afectado a la modelo fue el desgaste de la prótesis por el tiempo transcurrido, dada la calidad del material. ¿Habrá sido de mala calidad?. La actriz y modelo que cumple condena de prisión efectiva por el delito de lesiones en el Penal de Santa Mónica, ha sido intervenida. Se le ha quitado la prótesis afectada y se le ha colocado una nueva. Y es que “sin tetas, no habría paraíso” para ella, claro está, al tomar las calles de nuevo. Y es que la "belleza igual éxito" pareciera ser el eslogan del mundo actual. Natural pareciera que el deseo por poseer bustos hermosos y abundantes, nos transporte, de inmendiato, al mundo de la cirugía estetica. Un mundo, si se quiere hacer bien, con una casi infranqueable barrera monetaria. Bien dicen por ahí que no hay mujer fea, sino mujer pobre. Cierto o no, la belleza da seguridad, aumenta la confianza y eleva la autoestima. Se traduce, instantáneamente, en aceptación y escala social. A esa realidad nadie puede ser ajeno. Sólo que hay que tener demasiado celo y mucha plata para no quedar deformado o morir en el intento.
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