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Un par de horas antes del emocionante partido entre Universitario y Sporting Cristal, un joven de 21 años fue asesinado de un balazo y otros siete jóvenes quedaron heridos, por culpa de dos supuestos barristas que iban en una moto y que atacaron a un grupo de barristas de la "U" en el distrito de San Martín de Porres.
Los muertos y heridos por culpa del desenfreno delincuencial de pandilleros que toman partido por un club de futbol se hacen cada vez más frecuentes, sin que la autoridad competente y los propios clubes hagan algo por afrontar un problema latente y creciente. Sociológicamente, un barra brava es un sociópata que canaliza y vuelca todas sus frustraciones, que se agrupa con otros semejantes para establecer líneas de comportamiento antisociales y delincuenciales.
Sin embargo, bajo los códigos futbolísticos que se manejan en el Perú el barra brava no es considerado como un potencial delincuente sino como un simple hincha que va al Estadio. Bajo esta falta de criterio, los barra bravas actúan a su antojo sea en un día que hay fútbol o en un día particular, pues se les respeta sus distorsionados códigos de comportamiento y en muchos casos sus actos delicuenciales no tienen siquiera una tipificación adecuada que pueda evitar su impunidad. A nivel de la autoridad, la Policía no pude hacer nada cuando atrapa a uno de ellos. Los barras bravas generalmente están integrados por jóvenes menores de 18 años que son inimputables pero que saben discernir correctamente entre lo que es bueno y lo que es malo. Ante ello, la autoridad se ve obligada a usar sus camiones para transportarlos a un partido de fútbol pues con ello se evita que estos delincuentes puedan cometer fechorías como robos, asaltos y agresiones, que son delitos por los que la Policía solo puede detenerlos y soltarlos al día siguiente. Por otro lado, los clubes son los grandes responsables del desborde de estos barristas, pues muchas veces sus dirigentes encuentran en ellos la forma de legitimarse y para ello recurren al regalo de entradas de cortesía a los cabecillas que manejan a su masa. Ello se ve en el caso de Alianza Lima donde es notoriamente sabido que el Comando Sur está dividido entre los que apoyan a la directiva del actual presidente y los que no. O también en el caso del Sport Boys y del mismo Alianza, donde los barristas entran por obra de magia a los entrenamientos para ‘ajustar’ a sus jugadores. Entonces qué hacer para poder controlar a estas barras bravas, pues primero hacer una campaña (que los clubes pongan el dinero) para sensibilizar a los padres para que estén más pendientes de sus hijos, ya que los padres terminan siendo el primer escalón del transtorno de la personalidad de un joven proclive a ser barra brava. Recuerdo en una ocasión que un joven murió en un enfrentamiento entre barristas y la mamá se mostraba orgullosa de que su hijo haya perdido la vida ‘defendiendo al barrio’. Obviamente su funeral estuvo lleno de códigos y parafernalias referentes a uno de los equipos grandes del Perú. Otra acción, pero de parte del Estado podría ser bajar la edad para que una persona sea imputada. A los 15 años, un joven ya comprende perfectamente la diferencia entre el bien y el mal y por lo tanto delinque concientemente. Hay muchas fórmulas pero poca intención de tomar al toro por las astas. Particularmente yo propondría lo siguiente al Congreso de la República. Desempolven un Proyecto de Ley que presentó el ex congresista José Barba Caballero, donde se penaba a cualquier barrista o pandillero que atente contra el orden público con el Servicio Militar. Esa iniciativa fue archivada porque supuestamente era atentatorio contra los DD.HH., sustento que considero risible y antojadizo porque el suscrito ha hecho servicio militar en el Ejército. El servicio militar puede ayudar a que estos pandilleros sin oficio ni beneficio, puedan aprender disciplina, tener un oficio para sostenerse económicamente y ser personas de bien, a la vez que ayudaría a amenguar la falta de personal de las que sufren las FF.AA. Con una sanción de acuartelamiento, muchos pandilleros lo pensarían dos veces antes de meterse en las barras bravas o causar destrozos.
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