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Como lobos hambrientos de violencia, los vándalos lanzan gritos de venganza intentando desatar una “guerra” entre las barras bravas, para sembrar el caos y perpetrar asaltos callejeros y saqueos.
Son los mismos marginales filmados, fotografiados, conocidos y reconocidos mil veces durante los últimos cuatro años, pero que siempre salen libres bajo el argumento de “falta de pruebas” que les brinda un escudo protector a su salvajismo.  Caos y violencia... Esta vez los pandilleros atacaron a la marcha de barristas de la U baleando a ocho hinchas cremas uno de los cuales, Daniel Alexander Blanco Fernández, de 21 años, murió al recibir un disparo en el corazón.El blanco de su ataque no era una persona sinó, la barra brava en su conjunto. Los asesinos sembraron el pánico y huyeron sin que la policía lograse interceptarlos. Ahora surgen voces de venganza y el tam tam de los tambores de guerra resuena en las tribus de las calles. Aunque parezca increíble, los servicios de inteligencia de la Policía Nacional no han podido desbaratar a esta red de vándalos que actúa impunemente en la vía pública o que desatan violentas peleas callejeras en los pueblos jóvenes convertidos en tierra de nadie. La violencia de las barras bravas es un fenómeno que alcanzó hasta a los países desarrollados que aplicaron duras sanciones para castigar a los “hooligans” en Inglaterra o los “cabeza rapadas” en Alemania.
Sin embargo en nuestro país las barras bravas siguen siendo sinónimo de violencia e impunidad debido a que estos fanáticos avezados, amparados en que son menores de edad, atacan a quien se cruza en su camino. La “solución” de las autoridades policiales, municipales y deportivas, fue brindarles escolta, conducirlos en buses al estadio y hacerse de la vista gorda cuando los angelitos se peleaban o destrozaban autos y ventanales a pedrada limpia. Es, pues, hora de abordar este gravísimo problema social en forma integral, con duras sanciones que abarquen desde el pandillero que desata la violencia hasta los que financian y apoyan a las barras bravas. Urge pronta solución antes que la pesadilla se expanda como un cáncer social de inimaginables consecuencias. 
 Deudos exigen justicia 
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