
Clásico en retirada por el tema de la violencia y su posterior postergación, la selección que no da pie en bola y se convierte en mimada de los adversarios por ser regalona de puntos y goles, jugadores castigados por indisciplina y demás maltratos, tienen en jaque al fútbol.
El fútbol está herido de muerte y al borde del colapso total. Por una serie de sucesos, como la discusión si se debió jugar o no el clásico, con voces que dejan escucharse y riegan una reflexión futbolera: En este país son los vándalos y los barristas violentos los que deciden si Alianza y Universitario jueguen el clásico.
Una sentencia que no deja de tener validez ante la evidente realidad que en efecto son unos pocos capaces de dejar sin clásico a toda la parroquia futbolera.
El fútbol es tratado como algo despreciable, contrariamente a su condición de deporte socializador y apasionante. Es una rara relación entre el amor y el odio porque se dice amarlo y por otro lado se le hunde un puñal para matarlo.
Todos ponen algo para darle sentencia final, son los llamados barristas que de hinchas no tiene nada, son delincuentes que aprovechan la efervescencia de las grandes concentraciones, para cometer sus fechorías. Esos individuos han hecho posible abortar un partido de fútbol como si fueran los capos de las decisiones.
Otro tanto para hacer que el fútbol retroceda la ponen sus propias protagonistas, los futbolistas seleccionados que rompiendo los códigos de disciplina se entregaron a una noche de placer, con tragos y mujeres, teniendo como escenario un lujoso hotel cinco estrellas. Menos mal no son todos, pero hay quienes aturdidos por la fama y la plata creen que merecen todo.
La selección y su desastrosa campaña en la etapa eliminatoria para el Mundial de Sudáfrica 2010 por otro lado enervan la paciencia de los sufridos aficionados que ya han perdido la fe y se han hecho a la idea de desmontar sus ilusiones y arriar las banderas del optimismo para soportar a pie firme un nuevo fracaso de la bicolor.
No hay asomo, no se ve, que al fútbol se le quiera si por ejemplo, Jefferson Farfán ventile el bautizo de su hijo y lo anuncie a gritos para luego sus matones destruir equipos de los periodistas cuando trataron de informar el acontecimiento. Encima la imagen del propio jugador reflejada en el portal de su nuevo equipo en Alemania, dando cuenta del nuevo escándalo del futbolista, no solamente lo perjudica sino que crea un ambiente enrarecido de que ése comportamiento se repite en todos.
Las torpezas se suceden y la lucidez de los que deben iluminar las oscuras andanzas de este momento gris, se apaga con declaraciones de sugerir que el clásico no se juegue en el 2009. Peor todavía, se les da mayor valor a los infelices que con su fetidez a cuestas ensucian el fútbol. El fútbol es vida, el clásico es fiesta del pueblo, no hay que matarlo.