
Todos los creyentes católicos creemos en nuestro ángel de la guarda, creemos que si lo invocamos, vendrá en nuestro auxilio, sentimos que siempre está a nuestro lado, acompañándonos, ayudándonos y consolándonos.
Pero, aquí en la tierra, también hay ángeles de la guarda, de carne y hueso, que comen, sienten y piensan como nosotros y, sobre todo, que tienen un corazón tan grande, pero tan grande, con tanta sensibilidad, que, para ellos, todo se ve a través del fino cristal de la solidaridad, uno de los más grandes valores, que casi están dejando de existir en nuestro planeta.
Ingrid Betancourt, fue rescatada sana y salva y, junto con ella, 14 secuestrados más. Entre ellos se encuentra William Pérez, de 36 años. Cabo del Ejército colombiano, un soldado profesional con conocimientos básicos de enfermería que trabajó en un hospital militar de Bogotá. Se convirtió en el ángel de la guarda de sus compañeros de cautiverio y según admitió Ingrid, le salvó la vida.

"Fue mi ángel de la guarda", dice la ex candidata a presidenta. El le daba suero y le hacía masajes cuando estaba enferma. Fue su enfermero en momentos en que estuvo muy mal de salud.
"Yo le ayudaba a subir y a bajar- cuenta el muchacho- porque ella no tenía ánimo ni para caminar” Reveló que pese a que los rebeldes tenían en ocasiones medicamentos, no sabían usarlos. "La guerrilla tenía cosas ahí pero no sabía para qué eran, entonces yo le pedía una cosa y otra para ir colocándole los medicamentos a Ingrid".
"Algunas veces Ingrid me decía que se quería morir porque no veía solución. Estuvo muy enferma. Aquellas pruebas de supervivencia, la fotografía que todos vieron y que escandalizaron al mundo, bueno, ahí, ya ella estaba mejorando, imagínense cómo llegó a estar", concluyó
Hasta la humilde casa de Carmen Medina, madre del militar, en la ciudad de Riohacha (norte) llegaron decenas de vecinos a felicitar a la señora. "Siento mucha alegría, no sé cómo decirlo, la satisfacción es grande y ustedes se pueden imaginar", dijo la mujer a medios locales.

"Mami, donde yo esté, siempre seguiré siendo un militar", escribió alguna vez, en una carta, como una prueba de fe de vida. William añadió que quiere volver a su Ejército pero como militar, ya no como enfermero. Quizá, los duros recuerdos de esos años de cautiverio deban tener un reposo en el alma de este guerrero.
Pero lo que él no sabe, es que tiene merecido un ascenso: al de Angel de la Guarda.
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