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En el seminario "Latinoamérica 2020: pensando los escenarios de largo plazo”, organizado por la Universidad de Georgetown (Estados Unidos), el Centro de Estudios Nueva Mayoría (Argentina) y la Universidad Adolfo Ibáñez (Chile), parte del proyecto “Global Trends” y que se realizó hace cuatro años en junio, en Santiago de Chile, con los auspicios del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, se imaginó el futuro de América Latina hacia el 2020.
Entre los participantes del evento académico se contaban Julio Burdman y sus colaboradores, Arturo Valenzuela, Rosendo Fraga, Andrés Allamand, Pamela Figueroa, Claudio Sepúlveda, Eliana Cardoso, Francisco Sagasti, Geraldo de Figueiredo Forbes, José Joaquín Brunner, Miguel Barrio, el finado ex presidente del Perú Valentín Paniagua y otros líderes y personalidades ALC. Las visiones y proposiciones en esos días no dejan de ser interesantes. Recordemos cuatro años después, especialmente, las esperanzadoras y auspiciosas ideas, que las hay, y dejemos por un momento la perversión latinoamericana de hacer ejercicios prospectivos catastrofistas. Evitaremos en todo momento caer en el optimismo de ultraliberales y menos subestimar o ignorar las ideas de Naomi Klein o de la Forrester. En lo económico, en el 2020 ALC., será un modelo de estabilidad financiera, con crecimiento pendular, con políticas económicas macroeconómicas saludables; China e India fundamentalmente, con sus perspectivas de crecimiento han superado a la región en términos de PBI. En general, los vaticinios económicos son reconfortantes, prácticamente no se perciben grandes dificultades en el 2020. Pero esta situación no es uniforme, algunos países mejorarán, otros se sumergirán en procesos de grave crisis y reversión y otros, solo verán crecer la brecha que los separa de las naciones avanzadas. Está claro que en un análisis prospectivo, en el 2020, ALC es un escenario de creciente heterogeneidad regional, y la gobernabilidad es el driver o el indicador que marque la diferencia entre los países de la región , debido a una aguda pérdida de legitimidad de los actores políticos y la cada vez menor importancia internacional en el mundo. En la segunda década del siglo XXI el sistema político ALC se verá envuelto en nuevas formas de crisis. En lo social, las políticas de desarrollo han producido muy pobres resultados sociales; los problemas sociales son agudos y la institucionalidad deficiente, a pesar de cierto desarrollo y de una democracia mas extendida, agudizan las crisis de gobernabilidad. La pobreza no aumentará debido a las ventajas de comercio global, pero éste tampoco la disminuirá. Las instituciones son ineficientes en el propósito de dirigir estrategias de desarrollo hacia la igualdad de oportunidades, lo que implica aumento de la desigualdad social. Pobreza y desigualdad, afectan a amplios sectores de la población, los hace vulnerables ante el clientelismo político y a las opciones electorales populistas y autoritarias y, finalmente, generan respuestas y consecuencias políticas imprevisibles, de riesgo para la institucionalidad democrática. En este resúmen, del Seminario de Santiago del 2004, el factor más débil es el de la integración hemisférica. El fracaso de la concepción original del ALCA dará paso a la heterogeneidad de proyectos y a la diversidad de tipos de relación con los EE.UU. Aumentará el desinterés común de ALC y el país del norte en integrarse. EE.UU. optará por una política de socios seleccionados y se implicará en la resolución de los problemas que considera amenazas a sus intereses, como: el narcotráfico, la inmigración y la inestabilidad política de sus vecinos del sur. Mantendrá la posibilidad de actuar en los escenarios de crisis. En otro punto, aumentará la importancia del Mercosur y el Brasil en la región. Crecerá el liderazgo de Brasil en el Cono Sur y México en Centroamérica. Por ahora, son algunos proposiciones al futuro de ALC , algunas pueden resultar equivocadas, pero cuando se trata del futuro, es mejor esperar con optimismo realista. Views: 140
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