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Mi Otro Yo
Institucionalidad
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| jueves, 31/07/2008 | ||||||
En los 80, un destacado economista argentino, nombrado ministro de economía, llegó a las oficinas del ministerio, rodeado de un grupo de 80 expertos en diferentes especialidades para manejar la encabritada economía nacional. Todos esperaban el éxito, la calidad del equipo los condenaba a la recuperación y la estabilización. Todo estaba bajo control. No pudo ser, a los pocos meses, los indicadores se disparaban por doquier, la economía al garete, el ministro defenestrado y los brillantes expertos en vergonzoso retorno a sus mullidas oficinas en empresas y organismo supranacionales.En esos tiempos, en otro lado, en el Brasil, la situación era igual de caótica, al mando de la responsabilidad se nombró a un ministro con cierta autoridad, pero sobre todo se confiaba en un equipo económico poco brillante, una burocracia estable, con algunas potencialidades, comparado con el equipo del ex ministro argentino, que lentamente lograba el control de la economía, acumulaba experiencia y hacia posible la estabilización, o como dictaba la moda, realizaban las metas de Williamson. Brasil es hoy una de las BRIC. En el Perú, según afirman algunos expertos y los organismos multilaterales, hemos avanzado “a la brasileña”, es decir que en los últimas dos décadas, poco a poco, hemos reconocido nuestras potencialidades y desarrollado algunas capacidades internas. En el campo de la economía se afirmó una burocracia mas o menos estable, eficiente, que administrar la economía con un nivel de profesionalismo, relativa autonomía y que es capaz de negociar con sucesivos gobiernos democráticos, metas y objetivos en el tiempo. Así garantizan un manejo técnico de la economía, no del todo liberado de la presiones que los políticos deben afrontar, pero que hacen posible buenas prácticas y saludables decisiones, gobernabilidad y crecimiento sostenido. Estamos en el centro de una ¿vieja? preocupación. Un debate que hace algunos años, se produjo entre los científicos sociales de diverso origen y orientación, intentando resolver el problema de que hacer, frente a la inestabilidad o la torpeza con la que los gobernantes latinoamericanos manejan los asuntos públicos. El poder excesivo, la influencia decisiva de los líderes, partidos y movimientos hacen que se impongan intereses y decisiones, tal vez legitimas, pero en desmedro de la sociedad. Abordar el tema de la importancia de las instituciones en el desarrollo de la democracia, puede parecer algo anacrónico, pues hoy se habla poco del asunto. Sin embargo, es importante, no perderlo de vista e incorporarlo en la agenda todos los sectores de la sociedad latinoamericana. No basta con la idea de que la economía debe ser manejada por una tecnocracia, hay que desarrollar institucionalidad en todos los campos de la vida social, política y cultural. Como ya lo han dicho otros, la institucionalidad genera estabilidad, equilibrios, control y efectividad en el manejo de los asuntos públicos, como lo hace en los ámbitos privados, en los que hay que extenderlos y profundizarlos. Y no solo en el ámbito macro d la sociedad, también en a empresas y organizaciones sociales. Tampoco imaginemos que es la panacea o la mano de Midas. Es verdad que cuando aludimos a instituciones, algunos con razón pueden deducir que estamos alentando el crecimiento de las burocracias, de élites con privilegios, que medren con los recursos de la sociedad. Claro que si, esta puede ser una distorsión de esta propuesta, pero es necesario recuperar el concepto de burocracia de Weber, en su mejor acepción. Por otro lado, el mismo Fukuyama (2004) encuentra que la institucionalidad es un elemento básico de la estatalidad, que hace posible el orden jurídico, facilita el funcionamiento del mercado, hace previsible la acción de los agentes económicos, reduce los costos de transacción y garantiza el cumplimiento de los contratos. Es decir hace posible la fuerza y el alcance del Estado. Douglas North (1995) impulsó este concepto al considerar a las instituciones como las limitaciones creadas por el hombre para dar forma a la interacción. Pero como todo constructor sociológico, surgen varios enfoques de la institucionalidad. La idea es que deben complementarse, de modo que superemos sus diferencias para comprender mejor nuestro desarrollo y veamos sus efectos en nuestra sociedad. No se trata de aprender mas neoliberalismo, sino de aprender a jugar nuestros propios juegos. Bibliografía -North, D. (1995). Instituciones, cambio institucional y desempeño económico. México, FCE. -Fukuyama, F. (2004). La construcción del Estado. Hacia un nuevo orden mundial en el S.XXI. Barcelona: Ediciones B. -http://aldoulisesjarma.blogspot.com Escribir Comentario
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En los 80, un destacado economista argentino, nombrado ministro de economía, llegó a las oficinas del ministerio, rodeado de un grupo de 80 expertos en diferentes especialidades para manejar la encabritada economía nacional. Todos esperaban el éxito, la calidad del equipo los condenaba a la recuperación y la estabilización. Todo estaba bajo control. No pudo ser, a los pocos meses, los indicadores se disparaban por doquier, la economía al garete, el ministro defenestrado y los brillantes expertos en vergonzoso retorno a sus mullidas oficinas en empresas y organismo supranacionales.

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