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Mi Otro Yo
De héroes y olimpiadas
Mi Otro Yo
De héroes y olimpiadas | De héroes y olimpiadas |
| viernes, 08/08/2008 | ||||||
No, no somos iconoclastas o nihilistas. Queremos conservar los Juegos olímpicos por siempre, porque a pesar de todo, es una fiesta de la humanidad y del poder del individuo, siempre termina por convencernos de la grandeza del humano. Es inevitable que cualquier acto protagonizado por los atletas sea parte de la Olimpiada, un evento de hombres y mujeres, mucho más que el lema trino: “Citius, altius, fortius”.Nacido en Texas, en una familia campesina con 12 hermanos y conocer la dura pobreza no lo hizo diferente, por el contrario, lo comprometió más con la vida. Nos referimos a Tommie Smith, quien vivió en California en medio de revueltas estudiantiles, protestas contra la guerra de Vietnam, luchas por la emancipación juvenil y sobre todo, resistiendo la inicua segregación racial de los negros. Ingresó a la Universidad del Estado de San José y allí vio la luz: conoció a un modesto profesor de sociología, Harry Edwards, que resultó ser nada menos que el ideólogo de The Black Power. Tommie, se hizo integrante del equipo de atletismo de la universidad, se preparó durante muchos días y se proyectó como uno de los mejores velocistas del mundo. Alto, fuerte, negro, su tranco era elegante y poderoso dicen los expertos, que le llamaron el “Jet” por la velocidad con la que emprendía sus carreras. Era bueno en los 100 metros, mejor en los 200 pero haría historia en los 400 metros planos. A las Olimpiadas de México en 1968 llegó Tommie Smith al lado del increíble John Carlos, un atleta que quería ser el rey de los velocistas. Y con él tuvo que dirimir superioridades “Jet” Smith. El día del gran desafío fue el 16 de octubre de 1968, en la tarde. Pero Tommie tenía más retos: uno contra los límites humanos y otro contra el poder, la injusticia, el miedo y la discriminación. Fue su tarde, hizo historia. Su imagen de hombre comprometido, integro, digno, transformado en un icono del siglo XX quedó grabada en la memoria de millones. Fue una tarde de gloria, aunque no ortodoxamente olímpica, los atletas salieron disparados del partidor y John Carlos había tomado la delantera, mantenía un ritmo sostenido y de vanguardia, repentinamente, “Jet” Smith - cual ráfaga- sobrepasó a su rival tres metros de ventaja, y mas atrás el australiano Peter Normand arremetió con ímpetu sorprendente dejando en el tercer lugar a Carlos. Smith acababa de ganar la final de los 200 metros y de imponer una marca mundial: 19,83 segundos. John Carlos sumaba el bronce para su país. Eufórico, el “Jet” siguió trotando hasta recuperar el aliento, se dirigió a los vestuarios, allí lo remeció el rayo de su conciencia: le propuso a John Carlos, hacer una protesta, éste asintió, y en el camino de retorno a los podios convencieron al atleta blanco australiano para que los acompañara en el gesto. No se negó y enseguida se colocó en el pecho una insignia que aludía a los derechos humanos en los juegos olímpicos. Ubicados frente a los podios, sus nombres retumbaron en el estadio. Los tres atletas sobre el estrado de la gloria olímpica y frente a las banderas de sus paises, suena el himno de la nación del triunfador, de pronto, Tommie “Jet” Smith inclina la cerviz, infla su pecho, levanta furioso el brazo mostrando un simbólico enguantado puño, es seguido por Carlos. Tiemblan ambos, tienen miedo. Se ha consumado la protesta. Nunca más la vida fue igual para estos héroes de la humanidad que irrumpieron con honor en los Juegos Olímpicos de México 68. Sobre ellos se tendió un manto represivo que los asesinó cívicamente, cuarenta años después, entrevistado por la BBC, el “Jet” dice: “No soy mejor que otro hombre, sólo tuve una plataforma para expresar mi posición. Escribir Comentario
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No, no somos iconoclastas o nihilistas. Queremos conservar los Juegos olímpicos por siempre, porque a pesar de todo, es una fiesta de la humanidad y del poder del individuo, siempre termina por convencernos de la grandeza del humano. Es inevitable que cualquier acto protagonizado por los atletas sea parte de la Olimpiada, un evento de hombres y mujeres, mucho más que el lema trino: “Citius, altius, fortius”.

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