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Con cierto candor el conocido periodista argentino Andrés Oppenheimer, se pregunta ¿Se viene una ola inflacionaria? Se refiere a ALC. En realidad ya estamos en un periodo inflacionario, paradójicamente en el lugar donde se produjeron los embates críticos, los Estados Unidos, allí, hoy la inflación es más baja que en toda Latinoamérica donde ya es suficientemente alta para ser percibida por la población y afectar el estado de la democracia.
La maldición está con nosotros. La cirugía liberal o ultraliberal de los 90 no ha logrado extirparla, América Latina y el Caribe, así como el mundo, parece estar condenado a convivir con este enemigo, por muchos años, no se sabe cuántos. En el 2006, la inflación latinoamericana fue de 5%, en el 2007 cerró con 6.3; la proyección para este año es de 8%. A todas luces una tendencia al alza. Si tomamos como referencia la inflación en el último año, veremos que hay países que tienen una inflación de un digito y muchos que superaron los dos. En los últimos 12 meses, Argentina alcanzó 9,3 % de inflación; Bolivia 17,32 %; Chile 9,5 %; Costa Rica 32,17 %; Nicaragua 23,09 %; México 5,39 %; Perú 5,79 %; Venezuela 32,17 %; finalmente, como referencia veamos la inflación norteamericana: 5%. Como que la crisis iniciada en allí, se ha desplazado. Un asunto que preocupa es el hecho que en LAC, la situación inflacionaria intenta ser matizada, ocultada, inútil o temporalmente, por los organismos estadísticos y censales y otros funcionarios públicos que al explicar las causas y razones de la inflación recurren a argumentos y cifras a veces hilarantes. En Argentina, la fiabilidad del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) es seriamente cuestionada y consultores privados calculan que los precios aumentaron el doble o el triple de lo que señala este organismo; en el Banco Central de Reserva, el ente emisor peruano, el incremento se atribuye al alza de alimentos como el pan, fideos, aceite comestible, leche y arroz. Evo Morales acusa a los empresarios agrícolas bolivianos de provocar alzas artificiales de los productos y, por ello, fijó por decreto, límites a sus precios y a las exportaciones. la imparable inflación se achaca a que los bienes y servicios vinculados al petróleo se han encarecido, al igual que los alimentos, y en Colombia, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, asustan las alzas de la papa (152,42%) y el arroz (34,38%) entre enero y junio. Hugo Chávez culpa de la inflación a un "desequilibrio entre la oferta y la demanda", frente a los empresarios que lo vinculan a la dependencia de las importaciones. Lo que es indiscutible es que ataca por igual a gobiernos ultraliberales como a los gobiernos de orientación de izquierda. Es decir, es una inflación democrática que alcanza a todos. Bueno, a casi todos. En realidad, ella misma no es el gran problema, sino sus efectos de mayor pobreza y más inestabilidad política para la región. Más allá del nerviosismo generalizado en la región, la escalada inflacionaria pone a los gobiernos frente a dos caminos: disminuir el gasto público y social o elevar la tasa de interés. Es obvio que no pueden aplicarse sino se afectan la equidad social y también al crecimiento, pues la inflación no dura para siempre, tampoco es efímera, requiere del mediano o largo plazo para superarla. Siempre y cuando, se adopten medidas que no impliquen romper la disciplina y estabilidad monetaria, se controle el poder de compra de los consumidores, mantener altas la reservas extranjeras. Hay que resistir la presiones inflacionarias, se empieza rompiendo una o mas de las señaladas, que se sumarian a los factores externos conocidos: el precio del petróleo y el alza de los alimentos. Finalmente, es fundamental que los funcionarios públicos y expertos no mientan sobre el nivel de inflación que padecen. Algunos ya lo hacen con fruición, ocultan el incremento real de inflación a la población y pueden terminar creyendose esa mentira y empezar a gastar más de lo que tienen. Visitas: 122
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