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La masacre a la comunidad se planeó al milímetro, tal como confesaron Rivero Rondón y Hurtado a la justicia castrense Los informes de inteligencia militar apuntaban a un “bolsón senderista” en las inmediaciones de la quebrada ayacuchana de Accomarca, lo que movilizó a oficiales desesperados por encontrar “resultados concretos” en la lucha antisubversiva, a cualquier precio. Las huestes terroristas de Abimael Guzmán aprovechaban la confusión entre las fuerzas del orden para infiltrarse en las comunidades, amenazando tomar represalias salvajes contra los “colaboracionistas”, entre los que figuraban descuartizamientos o volar familias enteras a dinamitazos.  Deudos exigen justicia en el lugar de la masacre Camarada GenaroEl 13 de agosto de 1985 fue trasladado desde el cuartel “Los Cabitos” de Ayacucho, hacia la base antiterrorista de Vilcashuamán, un informante catalogado como clave para ubicar el “bolsón senderista”, identificado como el Camarada Genaro.  Rivera Rondón en Ayacucho Para ultimar los detalles de la operación militar en Accomarca, la sección G-2 de inteligencia del Ejército, entregó a “Genaro” a la patrulla “Lince” a cargo del subteniente EP Telmo Hurtado. Otro destacamento en la zona era jefaturado por Rivera Rondón. De acuerdo al plan trazado, Hurtado se desplazó con sus hombres , en vehículos militares hasta Huamballpa, donde terminaba un camino “de herradura”, por lo que desciende para proseguir hasta Accomarca. Todos estos detalles se consignan en los reportes oficiales que obran en los expedientes del fuero castrense. A las 7 de la mañana del 14 de agosto, la patrulla “Lince” ingresa a Llocllapampa con “Genaro” para identificar a los subversivos que, de acuerdo a los informes de inteligencia, se camuflaban entre los comuneros para formar un bolsón de resistencia. Asamblea mortalDe acuerdo al testimonio de los sobrevivivientes , Telmo Hurtado y Rivero Rondón, los oficiales a cargo de las dos patrullas militares , convocaron a una asamblea a la que debían acudir todos los comuneros, incluyendo ancianos, mujeres y niños.  Diezmados por terroristas y malos militares Los aterrorizados campesinos habían sido diezmados en las “asambleas populares” de Sendero, donde fueron asesinadas muchas autoridades lugareñas, aunque tenían la esperanza de que con los militares todo fuese distinto. Algunos comuneros lograron huir a escondidas pero la mayoría acudió creyendo que se trataba de una operación de rutina dejando que los soldados revisaran las viviendas para que se convencieran de que ellos eran inocentes. Lejos de tener satisfacción por no encontrar “material subversivo”, los militares se enfurecieron contra los campesinos mientras “Genaro” aseguraba que “en algún lugar debían estar”.  Apacible comunidad en el infierno de la guerra sucia Terror en los andesLa actitud aparentemente pasiva de los militares cambió para dar lugar a los accesos de furia, gritos y amenaza mientras rastrillaban sus fusiles automáticos. Los campesinos que protestaron fueron golpeados salvajemente y llevados a rastras hasta la “asamblea” donde gemían los comuneros confundidos en un mar de ponchos y polleras.  Castigo para los asesinos El pánico se apodera de los comuneros y varios intentan escapar lo que, aunque parezca increíble, constituía “evidencia de culpabilidad “para los exaltados militares.La propia justicia militar reseña este incidente con un escalofriante informe que, a continuación, reproducimos textualmente: “Está probado que el día 14 de agosto de 1985, a las siete horas aproximadamente, la patrulla "Lince" siete, al llegar al lugar denominado "Llocllapampa", observa que la gente allí reunida empieza a fugar ante la presencia de dicha patrulla, por lo que hacen disparos al aire para que se detengan, pero al hacer caso omiso a dicha orden, dispararon hacia ellos, eliminando a 5 individuos; así consta de los actuados de fojas...” Como reses al matadero Oración por los caídos Nadie se atrevía a correr ante los cadáveres acribillados con ráfagas de metralleta que yacía sobre charcos de sangre, como macabra advertencia de que los militares estaban decididos a todo. Asesorado por el Camarada Genaro, que “identificaba” a los presuntos subversivos, Hurtado empezó el “interrogatorio”, montando en cólera cuando los campesinos insistían en su inocencia , jurando por el Taita de los cielos. Los “señalados” estaban perdidos. Para Hurtado y Rivera bastaba la palabra de Genaro quien , también aterrado, daba nombres para satisfacer a los verdugos que no se dieron el trabajo de interrogar a los presuntos senderistas, cruzar informes con inteligencia o corroborar evidencias. La masacreEn la sentencia del tribunal militar se señala textualmente:  Telmo Hurtado Está probado que el acusado Telmo HURTADO HURTADO, para poder capturar a los presuntos subversivos, dividió a su patrulla en dos grupos, logrando detener a 25 individuos aproximadamente, entre ellos a 5 niños, separando a hombres y mujeres, los que fueron interrogados con la colaboración del camarada "Genaro", determinándose que la mayoría eran terroristas, disponiendo luego se les encerrara en 2 habitaciones para luego ordenar a la patrulla abrir fuego y al final el propio acusado arrojó una granada de mano al interior de los mismos, procediendo luego a incendiarlos con los cadáveres, así como reúne a los 5 eliminados anteriormente y los introduce a otra celda, la misma que también es incendiada ...En los expedientes judiciales se constata que los magistrados castrenses establecen en su fallo como cierto que los campesinos eran senderistas. Pero no eran 25 “senderistas” los ejecutados. Los efectivos de la patrulla “Lince” asesinaron a 30 menores de edad , 27 mujeres y 12 varones, en su mayoría ancianos. Hurtado lanzó granadas a los cadáveres para volarlos en pedazos y borrar todo rastro de la masacre. Telmo y sus hombres actuaron con espeluznante sangre fría. A los que consideraban subversivos los condujeron a una casa cercana ante la desesperación de los familiares que rezaban desde lejos. Metódicamente separaron varones en un ambiente, mujeres y niños en otro para encerrarlos. Pero no se trataba de una detención. Hurtado ordena a la tropa disparar y todos obedecen sin dudas ni murmuraciones. Lo que también consta en los reportes oficiales.
Los cadáveres de los cinco primeros asesinados fueron introducidos en otro ambiente donde él arroja una granada de mano. Después ordena incinerar los ambientes de las casas y recoger los casquillos. Aproximadamente a las tres de la tarde retorna a Accomarca donde pernocta hasta el día siguiente, 15 de agosto, en el que es evacuado a la Base Contra Subversiva de Vilcashuamán. La masacre es una “operación de rutina” , en la confianza de que los muertos no hablan y que los sobrevivientes aterrorizados guardarían silencio. Además de que , según creían, nadie daría un centavo por el testimonio de un quechuahablante.
Telmo Hurtado envía al jefe de la base contrasubversiva un reporte del operativo con la lacónica frase: sin novedad.
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