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El cantante de cumbia Dilbert Aguilar es uno de esos personajes genuinos que suele despertar curiosidad no sólo por su talento musical, sino también, por aquel perfil físico que motiva en gente insulsa expresiones de mofa. Algunos se atreven, incluso, a escudriñar en los cajones de su intimidad, intentando entender cómo alguien atractiva y exótica, como la modelo y actriz Claudia Portocarrero pueda amarlo. Ilusa hipótesis, de quiénes no conocen el verdor de un verdadero amor selvático.
Qué desgracia, de aquellos que van tras el envoltorio y, muy pocas veces, sienten atracción por la luz del contenido. Difícil, entonces, reconocer la verdadera belleza. Pues, alguien que sólo tiene ojos para observar lo trivial y defectuoso, rara vez provocará en un corazón el atrevimiento de buscar dentro de algo simple o feo, algo hermoso. Claudia Portocarrero nos inspira gotas transparentes de amor y nos refresca la memoria de una pasión sublime. Sí, es posible su amor por aquel “Chato”, como cariñosamente llaman al intérprete de la pegajosa cumbia “Vuela palomita”. Indudable, nos parece, el sentimiento de éste por ella, aunque algunas veces suele dejar caer un sobresalto de ¿desconfianza?, propio de la presión que ejerce la vida de farándula. Y es que la fama es un pulpo con demasiados tentáculos para no dejarse atrapar un día y, sucumbir ante la asfixia, que provoca el acoso de alguna prensa de espectáculo. “La nena”, así llama ahora Dilbert a su novia, es una mujer atractivamente sensual que despierta envidia escondida y otra demasiado patente y, claro, también curiosidad por aquella atmósfera de cuentos fantásticos con que suele envolverse a la mujer de la selva, atisbo de algunos y algunas, para señalar con el dedo, creyéndose un santo o una inmaculada bendita. Claudia, en este presente, nos transporta a la seriedad de una relación, al respeto y al cariño que profesa a ese hombre que parece insignificante para muchos, pero que para ella es todo, pues, dice amarlo y ansia ser su esposa. El “Chato” Dilbert, respecto a boda, no lo tiene muy claro. ¿Miedo?, solo él lo sabe. Pero allí va, con su “huambra buenamoza” (chica guapa), blindado con la armadura de la tolerancia, por esta sociedad excluyente que lacera autoestimas y provoca rencores. Y es feliz, por el éxito provocado por su talento y por la constancia de su trabajo. Recientemente ha lanzado su quinta producción discográfica de cumbias con videoclips trabajados en locaciones de la costa, sierra y selva peruana, donde hay un tema titulado “La nena”, dedicado a esa mujer, que según asegura es el amor de su vida. Nosotros deseamos que así sea, porque sencillamente creemos en el amor.
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