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Naturalidad, ingenio, creatividad, bastante talento y una rica experiencia de vida es lo que hace de Carlos Alcántara, un comediante extraordinario. Pero, no es sólo el comediante, también, es el ser humano cálido, afectivo y emotivo. Aquel que descobija su historia pasada para convertirla en humor y ventilarla al público, quien aplaude su potencial talento con sonoras carcajadas.
Y en esa calidez de ser humano, está el padre, quien mira con sublime amor al cielo, pese a que muchos piensan, que el tener un niño especial parece un grito lúgubre en medio de la nada. Pues, para Carlos, no lo es. Su hijo Lorenzo, así se llama, es un niño especial que le ha permitido envolverse con aquella terquedad de fe, inspirada en el amor y así creer. El dice: "Mi hijo Lorenzo nos hizo ver la vida de otra forma y creo, que si pudiera cambiarlo, nunca jamás lo haría. Pues, igual como vino, así lo quiero". El colosal actor también se entrega al deleite de Jossie, su esposa, cuando dice, que es el complemento de su vida en todo sentido. Jossie, es su compañera incansable de luchas en medio de la risa y el llanto, pero además, es la causante del destierro de sus ideas machistas y de enseñarle a conducirse de forma responsable en la vida, con humildad y hombría, él así lo afirma. El hombre y el actor, son un mundo de potencialidades. No es sólo “Machín” el de la nariz roja en “Pataclaún”, tampoco, el famoso “Dragón” de la serie “La Gran Sangre”, ni mucho menos ese lúpulo de los comerciales de la cerveza Brahma. Carlos Alcántara es mucho más, es aquel niño, joven y adulto, que recrea historias con mágica alegría y provoca las más desbordantes carcajadas. Es la provocación perfecta al esfuerzo. Ejemplo de ello, es que acaba de convertirse en ganador del reto de “Bailando por un sueño”, dejando fascinado al público con su perfecto baile, a la luz de un sueño, el de Carolina Guerra, quien deseaba operarse los ojos, pues tiene una lesión en la cornea. Carolina hizo realidad su sueño, gracias al actor. El premio de 25 mil soles para la operación, más siete mil soles, es una realidad para la modesta joven. Sensibilidad a flor de piel, solidaridad a través del arte, en un esfuerzo de dos. Carlos Alcántara, es por tanto, una travesía de sentimientos, de emociones y de una auténtica aventura hacia la risa. El nos lleva de la mano en la narrativa de sus historias, quitándonos, tal vez, algún trago amargo, para reírnos así, de la vida misma. “Asu mare”, es una muestra de ello, vayan al teatro Satchmo de Miraflores a reírse y aplaudan su talento.
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