Mi Otro Yo
Contar la historia | Contar la historia |
| viernes, 05/09/2008 | ||||||
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Extraño mis épocas universitarias porque queríamos saber y discutir nuestra historia. Pero “la real”, “la verdadera”. ¡Bueno, ya! La que nosotros queríamos que fuera verdad. Hoy, las modernas facultades universitarias, tienen muchos estudiantes, otras tienen también libros y las hay de las que no tienen libros, menos si son de historia o algo parecido. ¿Y los jóvenes? No parece, pero los percibo sumidos en el “alpinchismo”. Me molesta saber que la aristocracia del Perú llamó a Simón Bolívar “El zambo”, y que tuve que enterarme de esto por la literatura de García Márquez, yo que siempre lo vi aristocrático, blanco e imponente en los libros y el arte republicano. No sé porqué el mestizo, feo “con ganas” y heroico médico peruano Daniel Alcides Carrión, fue retratado y dibujado cual galán romántico europeo o el mismo Jesucristo, tan bello, delicado, caucásico y rubicundo, fue en verdad, todo lo contrario. Pero todo esto no son sino anécdotas en la historia. Walter Benjamin (Tesis de Filosofía de la Historia.1940), sostiene que la historia es un gran conteo triunfal, la cuentan los triunfadores, entonces los “vencedores caminan sobre los cuerpos de los vencidos”, dice. En la historia un documento o un testimonio cultural es a la vez una muestra de barbarie. El majestuoso Macchu Picchu, enorgullece y seduce a los que la contemplan, ¿Pero que sabemos de las manos que ha construyeron? Y los historiadores, cuando escriben la historia utilizan un método empático, es decir se identifican, se colocan en las botas de los vencedores, desde allí dan testimonio de los hechos, de los personajes, de los procesos. Con una propuesta que hoy debe molestar, sobre todo a sectores no académicos y parecer por lo menos extraña, el inclasificable rebelde y heterodoxo Benjamin, propuso hace años, hacer una historia desde el punto de vista de los vencidos, pero no de una batalla o un enfrentamiento, sino de las victimas de los sistemas injustos y antidemocráticos como los pobres y miserables, las minorías étnicas, religiosas, políticas, las mujeres, los niños, los excluidos, todos aquellos que terminaron siendo derrotados por los fuertes, los poderosos, los triunfadores - según Benjamin- por la ruedas triunfales de la civilización, el progreso y la modernidad. El historiador debe narrar y nadar contra la corriente, escribiendo una historia no de un héroe, sino una historia solidaria, la del mayor número de seres, discrepando así de la visión nitzscheana de la historia. Creía, Benjamin, que la historia no es un juicio universal (Hegel), no, es un juicio que en última instancia decide que significado dar a los acontecimientos y no es que la historia juzgue a los hombres sino los hombres deben juzgar a la historia. Asunto, como todo lo humano, sumamente polémico, pero de ningún modo intrascendente e impostergable para la condición ciudadana. Nosotros (y nuestros hijos) debemos aprender a leer la historia, descubrir su lado oculto, contar nuestro devenir, obviamente no es hacer tabla rasa del pasado, sino todo lo contrario, síntesis. La negatividad radical de Walter Benjamin, sin duda, permite acercar más la realidad a nuestros relatos. Colocar nuestra vida en la historia diferente a la historia oficial.
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