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Caras Vemos
Quilca y Camaná (I)
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Quilca y Camaná (I) | Quilca y Camaná (I) |
| domingo, 12/10/2008 | ||||||
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En los 90 creció mi interés por Lima. Mientras lo sacaban de la decadencia tras la década perdida, léase los 80, yo me daba mis escapadas desde Surco y anclaba en el jirón Lampa, donde en el suelo ojeaba y luego compraba a precio módico “revistitas” de los 50, 60 y 70. Recuerdo a los jirones Lampa, Pachitea y Contumaza atiborrados de ambulantes revisteros, a quienes les compraba Caretas, Ovaciones, y mis infaltables fascículos de Así fue la Segunda Mundial. Me “devoré” tantas revistitas de a suelo que un día decidí donarlas a la biblioteca de mi colegio. Se las entregué a una querida señora que por años me atendió con mucho respeto y dedicación. Yo decía que debía ser la única biblioteca escolar con las ovaciones del gran Pocho Rospligliosi. “Le saca la raíz cuadrada a los partidos”, le comenté mil veces a un amigo cómplice de mis fugas universitarias desde Surco y que tuvieron punto final en julio de 1993. Descubrir y llevar a casa un buen artículo de Caretas se convirtió en una pasión, y esconderlas en una obligación. Eran la prueba contundente de que había estado en el Centro. Pero yo no podía dejar de leer los comentarios del futbol de los 70, escritos por el gran Pocho ni las divertidas crónicas de Zileri y compañía. A fines de los 90, entré en crisis metálica y ya no podía comprar mis revistitas. Tuve que reciclar en la antigua Biblioteca Nacional de la avenida Abancay y en medio de la bulla, el caldo de gallina de a sol, las protestas anti Fujimori, y periodistas que chambeaban con máscaras antigas, leía con pasión diarios de los 50, 60, y 70. Lejos estaba de imaginar que algún día conocería en persona a muchos periodistas de esa imborrable época. “Monstruos” de la redacción y de lo que es cazar la noticia. Los ambulantes “sobrevivientes” a Alberto Andrade se refugiaron en las vetustas casas de los jirones Quilca y Camaná. Los Caretas, Ovaciones, Gráficos, junto con otras miles de revistitas se habían mudado a esa zona del Centro. Empezaba otra apasionante historia. Estaba vez más profunda: el amor a los libros. Escribir Comentario
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Mis padres me traían a pasear por el Centro a finales de los alucinantes años 70 y yo amaba la Lima que recorrieron mis abuelos, con su Sears, su Raymondi, las galerías Boza, las mutuales, la tienda Tía, y las calles de nombres curiosos y pintorescos que con el tiempo memoricé. 
Para muchos siempre será el “hijito de papá”, los malintencionados dirán que tiene “chamba” gracias a que su progen...

