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En los narcocorridos mexicanos se cantan sus ejecuciones sangrientas al estilo de la película “El Mariachi”.
Desde el golfo azteca hasta las costas del Pacífico, la pesadilla del macabro escuadrón de sicarios “Los Zetas”, se ha venido diseminando como un cáncer, bajo el mando del temible Heriberto Lazcano (a) “Lazca”, para quien no parece existir cárcel segura y cuya “muerte” ha sido anunciada decenas de veces… para terminar reapareciendo, vivito y asesinando. Su poder ha aumentado vertiginosamente en los últimos meses al apoderarse prácticamente del cártel del Golfo. en ausencia del capo, Osiel Cárdenas Guillén, a quien no ayudó en el intento de fuga del penal La Palma, para no perder el poder.
Los intensos operativos han logrado la captura de muchos sicarios de “Los Zetas”, por lo que “Lazca” ha tenido cubrir esos faltantes reclutando ex comandos de élite paraguayos, conocidos como “kaibiles”, por su ferocidad en las misiones de aniquilamiento. El mafioso se da el lujo de amenazar a sus rivales, mediante mensajes en narcomantas que aparecen en puentes y edificios, sin que nadie se atreva a tocarlos, salvo las patrullas policiales o militares. Los centenares de crímenes se han archivado como "ajustes de cuentas", aunque todos saben quién es el responsable de las masacres. Una leyenda
De acuerdo a reportes de la Procuraduría General de la República, “Lazca” era tercero en el orden de mando del escuadrón de sicarios, pero su afinidad con Osiel Cárdenas Guillén, le valía un lugar expectante en la mafia.  Captura y fuga en el 2000 En noviembre del 2002, el jefe de los sicarios, Arturo Guzmán Decena, comandante desertor de la policía, cayó acribillado a balazos en un restaurante de Motomoros y fue relevado por Jesús Enrique Rejón Águila. Ambos eran conocidos, en la misma secuencia, como Z-1 y Z-2, el distintivo de la policía federal con el que suelen identificar al comandante en jefe. Otra versión atribuye el nombre de la organización porque eran “lo ultimito en armas”. Lo cierto es que, tras el asesinato de Guzmán, los subalternos llevaron una ofrenda al restaurante, y con el gesto dieron nacimiento al nombre de su organización: “Te llevaremos siempre en el corazón: de tu familia Los Zetas”, decía la corona. En marzo del 2003, Osiel Cárdenas Guillén fue capturado en circunstancias no esclarecidas. “Lazca”, quien había sido encargado de su seguridad, no tuvo mayores problemas para tomar las riendas del Cártel del Golfo y, subsecuentemente, de Los Zetas.
Se comenta que Lazcano vive actualmente un estado de delirio de persecución, lo que ha generado problemas con los integrantes de la organización y de su escolta, debido a las medidas extremas que adopta, ante el temor de ser detenido por la policía o ser víctima de los mafiosos rivales,. Pero su desmedida ambición lo ha llevado a ordenar la expansión de la organización a toda costa, situación que otros cárteles no están permitiendo, de ahí la constante violencia entre bandas delictivas.  Mapa de la DEA sobre el narcotráfico mexicano  Ajuste de cuentas a la orden del día El Comandante Mateo Mateo Díaz López Al ser detenido en el 2006, uno de sus rivales, Mateo Díaz López (a) “Comandante Mateo”, comentó que los inexplicables fracasos de Lazcano en los planes de fuga para liberar a Osiel Cárdenas Guillén de la prisión, se debe a que “El “Lazca” ya probó las miel del poder y , de estar libre su jefe, todo eso se le acabaría.“El Comandante Mateo”, era conocido por ser “el dueño de la plaza” en Nuevo León, territorio que es utilizado para el trasiego de droga. También se le atribuyen los asesinatos de funcionarios y policías, así como muchas muertes llevadas a cabo durante el año comprendido entre 2003-2004. A inicios de 2006, se trasladó al estado de Tabasco, específicamente a Cunduacán, donde para tomar el control de la zona, eliminó a miembros de la familia Flores Torruco y la familia Guízar Valencia. Grupo de combateEl subprocurador contra la Delincuencia Organizada de México, José Luis Santiago Vasconcelos, explicó que la capacidad de movimiento y eficacia criminal de Los Zetas, se debe al adiestramiento militar que hizo de ellos un grupo especializado en tácticas de combate:  Balacera entre sicarios -Ellos transfirieron la mística de lealtad, honor y valor de un grupo elite a un narcotraficante. Después de que el gobierno capturó a Cárdenas en 2003, Los Zetas tuvieron que emprender solos el camino y lanzaron una campaña mortal contra autoridades y el bombardeo de traficantes rivales para controlar las antiguas rutas de tráfico-señaló.No obstante, investigadores como Resa Nestares no están muy de acuerdo en que se prolongue la guerra a nivel de los grandes barones de la droga, que velan primero por sus intereses, y que lo más probable es que Los Zetas ocupen un lugar territorial después de resolver sus disputas internas. No obstante, el ansia de poder de “El Lazca” lo está llevando al resquebrajamiento de Los Zetas , al pretender tomar el control que arrebató al hermano de Osiel Cárdenas Guillén, enfrentarse a los rivales y afrontar la persecución de las autoridades mexicanas, particularmente del Ejército. Ello ha dado lugar a que “Los Zetas” traten de revertir es situación mediante salvajes represalias, con decapitados y quemados vivos, como macabra advertencia a los narcotraficantes rivales, ingresando en una espiral de violencia nunca antes vista. La venganza de “El Chapo”
En julio de 2006, la Policía de Acapulco, estado de Guerrero, localizó unos cuerpos decapitados que, de acuerdo a investigaciones, pertenecen a los sicarios del Cártel del Golfo, del encarcelado Osiel Cárdenas.
La masacre fue perpetrada por órdenes de Edgar Valdez Villarreal, sicario del cártel de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, quien incluso dejó un mensaje en los cadáveres, para el líder de los “Zetas”. Se comenta que, por venganza personal, Osiel ordenó asesinar a Miguel Beltrán Lugo (a) “Ceja Guera”, sin importarle que fuese socio de Joaquín “Chapo” Guzmán. El motivo fue que maltrató a su hermano Mario Cárdenas Guillén. En pocos meses la guerra se intensificó a niveles de horrenda pesadilla , con narcomantas que aparecen en la vía pública con amenazas de muerte e incluso hasta el asesinato de narcocorridos que tuvieron la mala suerte de elogiar a quienes no debían. En esta guerra sin cuartel los mafiosos tienen un axioma lapidario: los amigos de mis enemigos, son mis enemigos. Y eso basta para que hablen las balas.  La ley de la metralleta en el narcotráfico 
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