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La hicieron linda los chicos de la Sub 17 al clasificar al Mundial de Corea del Sur que se jugará en agosto próximo, hecho que nos coloca en la órbita de los elegidos para al fin verlos en directo y ya no por TV como ocurría hace 26 años.
La euforia natural y desbordante regocijo se entienden porque son escasos los momentos de felicidad que el fútbol puede ofrecer a sus sufridos seguidores y al país entero. No se puede ser ajeno a este momento de alegría en que un puñado de imberbes armados de valor y coraje se empeñaron en lograr la clasificación mundialista y lo lograron con creces. Contra todos los obstáculos y piedras en el camino, se sobrepusieron para paso a paso limpiar el camino para llegar finalmente al objetivo final. Ellos creyeron que podían y no así los propios dirigentes que ya habían realizado las reservas en el vuelo de regreso pensando que no habrían de pasar la rueda eliminatoria. El triunfo ante Brasil en el inicio del Sudamericano todavía no convencieron a los que hacen apología del fracaso, pero los chicos continuaron con su propósito hasta lograr la ansiada clasificación. No fue Perú un equipo vestido con ropaje fino ante el poderío brasileño o colombiano que sin ofuscarse allanaron con cierta facilidad su camino a los primeros lugares. Los peruanos dirigidos por Juan José Oré dejaron que los dos poderosos rivales hicieran lo suyo para embarcarse en la tarea de bajarse a venezolanos y ecuatorianos, con quienes se luchó para ocupar el cuarto casillero. Finalmente se logró la clasificación pero la tarea está incompleta porque queda la otra parte de la medalla, la de prepararse bien para cumplir con decoro en el torneo ecuménico. Se necesita una planificación inteligente, darles a los chicos las facilidades de una preparación integral que tenga que ver con partidos internacionales, adecuada alimentación y sostenerlos con ese perfil ganador que hicieron gala durante la brega ecuatoriana. Los chicos cumplieron pero ahora la responsabilidad de hacer un proyecto responsable está en cancha de los dirigentes para que en el Mundial se repita una campaña similar al del Sudamericano. Este equipo se debe cuidar como un tesoro de valor incalculable, está ahí el futuro del fútbol peruano, esos chicos no deben ser expuestos al contagio irresponsable de ciertos adultos que creen que el fútbol da licencias para empinar el codo y divertirse al lado de las artificiales pechugonas con rótulo de bataclanas pedigüeñas. Tenemos material humano de primera con Manco, La Torre, Molina, Ruiz, Sócola, Hernández, Correa y Hermoza, solamente queda cuidarlos para asegurarnos una pronta clasificación en mayores. Con ellos mismos, por supuesto.
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