En el génesis del imperio de la cocaína, el primer "Padrino" invisible estadounidense fue George Jung, el compañero de celda del mafioso colombiano, Carlos Lehder, con el que levantó la primera transnacional del vicio y cuya rocambolesca existencia fue llevada incluso al cine.
"Algunas personas son estrellas de cine, otras son estrellas del rock... yo era una estrella de la droga.", declaró Jung cuando finalmente fue sentenciado a treinta años de prisión, pena que cumplirá el 2015 en que, si sigue vivo y cumple con los requisitos judiciales, saldrá libre a los 73 años de edad, solo para vivir de sus recuerdos ya que todos sus compinches acabaron en la cárcel o el cementerio.
Nació el 6 de agosto de 1942, Weymouth, Massachusetts, en una familia perteneciente a la alta burguesía y estudió en la Universidad de Tennessee, gracias a una beca de jugador de fútbol americano, hasta que una lesión en el cartílago de la rótula acabó con su carrera de flanker.
Se trasladó al City College de Long Bech, California, donde no solo estudió publicidad sino que empezó a fumar marihuana y entró en contacto con los grupos pacifistas que pululaban durante la década del 60 en Los Angeles, San Francisco y Boston.
Vestía como hippie, hablaba como pacifista y marchaba con los militantes de Students for a Democratic Society pero, en el fondo se consideraba un "hombre de negocios" por lo que planeó vender la marihuana, que se cotizaba a bajo precio en California, en varias veces su valor en las universidades del este.
Empezó importando centenares de kilos proicedentes de México, de la ciudad de Puerto Vallarta hasta Palm Springs, California, con su primera "empresa" en la que un amigo de la infancia era su socio y piloto de la aeronave encargada del transporte.
El narcotráfico se convirtió en una mina de oro y en pocos meses facturaba hasta 200 mil dólares mensuales. A los tres años los capturaron en Chicago al ser delatado por uno de sus contactos, vinculado al Playboy Club, en una intrigante historia de sexo, drogas y traiciones.
Al estilo mafioso, Jung salió libre bajo fianza pero tuvo la desafortunada idea de burlar a las autoridades policiales viviendo a salto de mata durante un año hasta que regresó a Cape Cod, donde reinició la venta de marihuana en la casa paterna. Su madre esta vez lo delató y en 1973 terminó con sus huesos en la cárcel.
En el Federal Correctional Institution de Danbury purgaba sus cuatro años de condena cuando se encontró con su compañero de celda, el colombiano, Carlos Lehder, otro traficante de marihuana pero que ya vislumbraba el negocio a gran escala de la cocaína con el incipiente Cartel de Medellín de Pablo Escobar.
Jung aparentaba ser un pacifista melenudo ante el colombiano duro de cabello rapado y admirador de Adolfo Hitler. Sin embargo, en esos momentos, conocía el "negocio" al dedillo y había pasado por sus manos una tonelada de hierba mientras que Lehder a duras penas llegó a los dos quintales.
Pero había muchos cabos sueltos que unían a los dos pichones de la Coca Nostra, Jung conocía los entretelones de los viajes aéreos clandestinos y distribución de la droga en Estados Unidos mientras que Lehder era hombre de confianza de los principales proveedores de cocaína.
TRACIONES AL POR MAYOREn este volátil y mortal "negocio" mafiosos como George Jung y Carlos Lehder, se juraron una lealtad a toda prueba pero cuya fidelidad sucumbió ante las montañas de coca- dólares. Como dirían en el Bronx, se es leal a quien se merezca serlo. El problema es saber cuándo, cómo y dónde.
Los aviones cambiaron el cargamento de marihuana por el de cocaína en un "negocio a gran escala". La dupla sobornó a decenas de autoridades para ocultar sus rastros y utilizando Las Bahamas como centro de abastecimiento de combustible.
Lehder se consideraba el verdadero "cerebro" de la operación y empezó a sentirse incómodo por la presencia de Jung que le costaba varios millones de dólares. A fines de los 70 consideró que podía volar solo, construyó su primer mini imperio en una isla privada de Las Bahamas, dejando fuera de circulación al norteamericano.
Jung solo aparentaba pacifismo y un trasnochado aventurerismo pero era , ante que nada, un Padrino y hombre razonable. En esos años se había casado y, previendo las intrigas de su díscolo socio, había entrado en contacto con Pablo Escobar quien, a su vez, quería poner frenos a un Lehder fanfarrón que empezaba a brillar demasiado en Medellín.
De esa manera reinició sus operaciones, aunque con sumas modestas, con la organización de Pablo Escobar pero , en pocos meses, demostró que dominaba la distribución de cocaína en Estados Unidos, logrando facturar más de cien millones de dólares anuales.
Como era obvio, la mafia estadounidense operaba paralelamente pero no con vínculos directos a los carteles colombianos, no tanto por medidas de seguridad ante el seguimiento de la DEA sino por las intrigas de los mafiosos colombianos que cambiaban lealtades sin el menor reparo.
En 1987 fue detenido en Massachusetts por el transporte de un cargamento de cocaína. Pagó la fianza pero la mano negra de sus rivales empezó a perseguirlo y fue delatado por un piloto de confianza en momentos que, extrañamente, Carlos Lehder cooperaba con el gobierno contra Pablo Escobar, el todopoderoso jefe del Cartel de Medellín.
Era una sorda guerra de la mafia. Con la aprobación de Pablo Escobar, Jung declaró contra Lehder y, aunque parezca increíble, fue liberado como una mansa paloma, pese a que las investigaciones lo señalaban como el Padrino del Cartel Gringo de la Coca Nostra.
Jung se dedicó a negocios legales, se apartó del peligroso tráfico de cocaína pero volvió a las andadas con la marihuana y en 1994 fue detenido en México con varios kilos de hierba.
Parafraseando el refrán popular, los gringos perdonan el pecado pero no el escándalo. Esta vez el "Padrino gringo" fue sentenciado a 30 años de prisión. Su pena terminará en 2015. Para consuelo del traficante marihanuero , su historia llamó la atención de los cineastas de Hollywood en el 2000 quienes, al año siguiente, montaron el film Blow, profesión de riesgo, donde Jung es representado por Johnny Deep, con quien se encontró personalmente.
"Blow" es una de las denominaciones que recibe la cocaína. La propaganda de la película señalaba: "La historia de George Jung, un joven -en los setentas- que se convirtió en socio del mismísimo Pablo Escobar sirviéndole de nexo para introducir cocaína en los Estados Unidos. Una historia llena de acción, suspenso y ambición. Así que, siéntese, respire hondo y agárrese fuerte de la butaca".
Así acabó el Padrino Gringo de la Coca Nostra.
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