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Los primeros advierten el riesgo de las operaciones clandestinas, los opositores exigen respeto al embrión humano.
En pleno siglo XXI de grandes avances tecnológicos y de los derechos humanos, el aborto sigue siendo la causa principal de la muerte materna en Latinoamérica y el Caribe, donde más de 4 millones de mujeres se someten anualmente a riesgosas intervenciones clandestinas.  Los derechos del feto en debate En el contexto de pobreza y exclusión social que caracteriza a esta parte del continente, el mayor índice de mujeres muertas en prácticas abortivas se registra en los sectores de menores recursos económicos, casi la mitad de los casos. De otro lado, las organizaciones anti abortivas, salen en defensa de la vida del embrión humano, exigiendo el respeto a los derechos del ser humano en formación que se encuentra indefenso en el vientre de su madre. El debate se agudizó por los planteamientos de algunos ginecólogos abortistas, como el asesinato George Tiller, que plantean el aborto en seismesinos y sietemesinos, es decir bebés formados y capaces de sobrevivir en caso de partos prematuros. Historia de larga data La disyuntiva entre el derecho de libre decisión de la mujer y el de la vida del ser humano, en estado embrionario, se remonta más de dos mil años, cuando los curanderos de entonces descubrieron que era posible interrumpir el embarazo.  Campaña de los grupos pro- vida La práctica era normal en las antigua Grecia y Roma, con el argumento de mantener estables las condiciones sociales y económicas pero, para la gran mayoría de las veces era el recurso desesperado de las adúlteras ante los hijos no deseados. Sócrates abogaba por que el aborto como un derecho materno y Platón lo recomendaba a las mujeres embarazadas mayores de 40 años y como un medio para perfeccionar el propio cuerpo, sin tener en cuenta al feto que no era considerado un ser humano. No obstante, Aristóteles advertía que el feto se convierte en humano a los 40 días de su concepción si es masculino, y a los 90 días si es femenino; recomendaba el aborto para limitar el tamaño de la familia, y en su Política lo dejaba librado a la madre, salvo que se tratara de cuestiones de Estado. De acuerdo al derecho romano, al nasciturus no se lo consideraba persona por lo que en la Antigua Roma el aborto estaba permitido, aunque se le reconocían derechos. La ejecución de embarazada condenada a muerte, se posponía hasta el nacimiento. Si el padre del nonato era senador al momento de la concepción, el bebé nacía con los privilegios de un hijo de senador.  Manifetsante en pro del aborto Posteriormente el hijo era considerado portio viscerum matris, y se castigaba el uso de substancias abortivas. En tiempos de Severo y Antonio fue castigado, basándose la penalidad en la ofensa inferida al marido, y si mediaba un sentimiento de codicia se castigaba con pena capital.En el siglo II se decretó el exilio contra las madres que se sometían a esa práctica y condenando a los que administraban la pócima abortiva con trabajos forzados en las minas de sal. En la Edad Media el debate se centró en el estatus ontológico entre los partidarios de la animación inmediata (es decir, el feto es una persona desde el momento de la concepción), y por otro lado, los partidarios de la animación mediata o retardada (después de un cierto tiempo), que sostenían que la mujer era un mero receptáculo del esperma masculino, el cual constituía el único origen de la nueva vida, y no era hasta pasados unos días cuando estaba en condiciones de que Dios creara en él el alma. De esta manera, se dio lugar a la distinción entre corpus formatum y corpus informatum del derecho canónico. El primero sería aquel en condiciones de recibir el alma, convirtiéndose en feto animado; el segundo, el que no había llegado a ese estado. En medio de candentes discusiones se estableció que el hecho tenía lugar a los 40 días después de la concepción en los varones, y a 80 en las mujeres.  ¿Es moral interrumpir el embarazo por decisión libre de la madre?  Afiche de las organizaciones anti abortistas Pros y contras Pese a los avances tecnológicos, médicos y jurídicos, se mantiene irreductible la posición entre quienes lo consideran un atentado criminal contra el embrión humano y los que demandan la legalización o despenalización del aborto para proteger a la madre.
 Las manifestaciones a favor y en contra se multiplican en el mundo Los que defienden la promoción de la vida consideran que es "que el embrión o feto es un ser humano con derechos humanos, incluido el de nacer, crecer y tener una familia”. Sin embargo, los que defienden la libre elección de la madre señalan que “toda mujer tiene derecho a la privacidad, a la salud y a la integridad física, por tanto debe escoger si tiene o no un aborto, más aún en situaciones extremas, como embarazo luego de una violación, malformación diagnosticada del bebé o cuando peligra su vida”. “El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte para un inocente”, replican los grupos pro- vida que cuestionan la masificación y legalización del aborto porque se aplica como practica anticonceptiva o eugenésica, mientras se mueven intereses económicos de multinacionales y clínicas “especializadas”. Los grupos de opinión en Europa y América Latina promueven el criterio que muchas mujeres, aspiran a que más que un “derecho a abortar” se les tutele y proteja su vida, la de sus hijos en especial, más aún en situaciones de embarazo de alto riesgo y en casos de extrema necesidad. La confrontación se ha agudizado en los últimos años, por la posición irreductible de la Iglesia Católica y otras congregaciones religiosas , y la aparición de abortistas que llegan al extremo de extraer a sietemesinos sin que exista peligro para la salud de la madre. 
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