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Las correrías de los miembros del Clan Calígula no pasaron desapercibidas por los policías quienes, sin embargo, los trataron con guantes blancos o los “presionaron” involucrándolos con el tráfico de drogas. Fernando de Romaña se ufanaba de sus “contactos” para salir delante de cualquier tropiezo policial. Entre el 15 y 16 de enero de 1991 fue intervenido junto con Julio César Domínguez y Luis Manarelli por los agentes de la División de Robos pero nuevamente salió bien librado. Sin embargo el trío fue liberado con el parte policial 085-IC- DIR en medio de un escándalo que desembocó en una investigación al teniente PNP Sergio Legua Felipa. Calmadas las aguas el Clan Calígula siguió viento en popa con sus viajes a Miami ante el ceño adusto de los agentes de la DEA. Cuatro meses antes del crimen, el 4 de octubre de 1991, siete detectives del grupo Delta 7 de la Dirección Nacional Contra el Terrorismo (DINCOTE) al mando del teniente PNP, José García Salazar, rodearon la casa de Calígula, aduciendo que existían sospechas de que Fernando escondiese armas y a un grupo de terroristas. Calígula gritó desde el techo que no lo sacarían y que llamaría a Alejandro González, Jano, el sobrino del ex ministro del Interior, Agustín Mantilla, quien, por cierto, estaba fuera de circulación en ese entonces. Los detectives no pudieron capturarlo y se retiraron. Fernando de Romaña y Domínguez no se quedaron con los brazos cruzados y denunciaron a los detectives. Inspectoría de DINCOTE formuló el parte 230- AD-l-DINCITE del 23 de octubre de 1991 por “mala intervención policial”, mencionándose al personal interviniente. Meses después todos los detectives involucrados en ese extraño suceso serían interrogados por el doble asesinato de Cieneguilla e incluso se realizaron peritajes balísticos de sus armas, contrastando con los proyectiles alojados en los cadáveres de Calígula y Domínguez, dentro de la mayor reserva para no aumentar el escándalo mediático. Otro personaje entra en escena, el entonces capitán PT, Gregorio Villalobos, quien intima con los muchachos, pese a la diferencia de edad y actividades. Los familiares de Calígula denunciaron que en realidad el policía extorsionaba a Fernando y sus amigos, aunque nunca explicaron las razones del extraño asedio policial. En medo de estas amenazas, Fernando de Romaña parecía sentirse seguro y prefería resolver sus asuntos a golpe limpio sin pedir ayuda a nadie. De esa manera se enfrentó al profesor de artes marciales, Jorge Roca Gálvez, conocido como Pelo de Momia, por su cabello canoso pese a tener 35 años de edad. Calígula demostró que no era un vulgar bravucón y esa tarde se dio el gusto de golpear a su libre antojo al cinturón negro de karate quien debió alejarse del barrio miraflorino rumiando su derrota y vergüenza. Sin embargo, esa seguridad que pregonaba Calígula seria su perdición.
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