
La noticia debió esparcirse de inmediato. La muerte del gobernante debió ser un suceso que movilizó a todos los habitantes del señorío. Los sacerdotes debieron iniciar rápidamente los preparativos para el real sepelio.
El ajuar funerario, las ofrendas que debían llevarse a los dioses, los sacrificios de la servidumbre que debería seguir a su señor aún en la otra vida...... Parados frente a la inmensa construcción de barro y, atrapados en el tiempo, imaginamos estas circunstancias ocurridas aquí mismo lugar hace más de mil 700 años. Un fastuoso pero triste cortejo fúnebre debió avanzar al compás de trompetas de arcilla que simulan conchas marinas. El Señor de Sipán ha muerto y será llevado hasta su morada final con grandes honores. Ornamentos de oro y plata, ofrendas a los dioses, armamento y acompañantes en la muerte, serán enterrados con él.
La tumba permaneció cerrada, protegida del tiempo y los saqueadores, por cientos de años, hasta que un día de 1987 el cuerpo del Señor vería nuevamente la luz. Walter Alva, el arqueólogo peruano a cargo de las excavaciones, debió sentir galopar su corazón cuando su sensibilidad de arqueólogo comenzó a sentir la cercanía del hallazgo. Ni hablar cuando estuvo cara a cara con el Señor de Sipán. Aunque es probable que la emoción no le dejara mucho tiempo para pensar, sabía que el hallazgo era más que importante. Sin embargo, no podría haber imaginado qué tanto. Una tumba de un gobernante del antiguo Perú, intacta, un descubrimiento que ha sido comparado incluso con el descubrimiento de la tumba del faraón Tutankamón en Egipto.
La tumba se encuentra cerca del pueblo de Sipán, a 35 kilómetros de Chiclayo, en el complejo arqueológico de Huaca Rajada. El sitio arqueológico consta de dos pirámides truncas, edificaciones en donde se hallaron juntas la Tumba del Señor de Sipán, la Tumba del Sacerdote y la del Viejo Señor de Sipán.
El antiguo gobernante de los valles del norte habría ejercido su mandato en el año 250 d.C. aproximadamente y su autoridad se extendía al ámbito militar, religioso y civil. Los constructores de la ciudadela del Señor de Sipán fueron los Mochicas, quienes se establecieron en la región de La Libertad, para luego extenderse hacia los valles de Lambayeque, Chicama, Moche, Virú, Santa y Nepeña, sobre un área de 6,500 kilómetros cuadrados. La serie de promontorios que albergan los restos de antiguas construcciones, que pueden verse hasta hoy, corresponden a la obra de estos hombres. Según los arqueólogos el complejo albergó alguna vez a cerca de 15 mil habitantes, que incluían profesionales como alfareros, orfebres, tejedores y constructores.

La perfección y desarrollo que alcanzó esta cultura sorprende a los científicos. Estos hombres construyeron su hogar en uno de los lugares más áridos del planeta, diseñando técnicas hidráulicas que les permitió canalizar las aguas de los ríos que bajan de los Andes, logrando así duplicar la cantidad de tierras de cultivo que se usan en la actualidad. Sus avances en el arte de la metalurgia les permitieron crear técnicas para el uso intensivo del cobre, especialmente en la fabricación de ornamentos, armas y herramientas. Doraron el cobre con una sofisticada técnica que obtiene los mismos resultados que el sistema electrolítico inventado en Europa recién a fines del siglo XVIII. Asimismo, su cerámica realista y expresiva ha permitido a los estudiosos de todo el mundo saber más acerca de esta cultura que logró un gran nivel de desarrollo tecnológico.
Dueños de un nivel de desarrollo tan avanzado, para los Mochicas, la muerte no significaba un final. Los hombres seguían viviendo en otro plano con sus mismas obligaciones o privilegios, razón que explica porqué los gobernantes eran sepultados con provisiones y bienes, y el hallazgo de esta tumba permitió conocer más acerca de esos rituales de enterramiento. Su osamenta permitió saber que el Señor de Sipán murió a una edad promedio de 40 años y que, con excepción de una incipiente artritis, gozaba de buena salud. Su estatura habría sido de 1.67 cm., alta para la época y su estructura corpórea demuestra poco trabajo físico.
Hasta antes del descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán, se pensaba que las imágenes del arte Mochica formaban parte de la mitología de esta cultura, existentes sólo en la mente de sus creadores. Por ello, constatar que muchos de los emblemas, ornamentos y atuendos vistos en la iconografía Moche fueron usados por un personaje real ayudó a disipar muchas de las dudas acerca de estos legendarios hombres de los valles de Lambayeque, así como de la jerarquía e importancia del Señor que descansaba en esa tumba.
El rico tesoro de Sipán está compuesto por piezas que deslumbran por su belleza. Decenas de objetos en oro, plata, cobre, turquesa, lapislázuli, conchas de Spondylus, vasijas de cerámica, ornamentos y armas. Algunas de las piezas más impresionantes son los collares con frutos de maní confeccionados en oro y plata, las orejeras con deidades y figuras hechas con turquesas.
También se hallaron dos protectores coxales (uno de oro y otro de plata), sobre el pecho, unas sonajeras de oro dispuestas en su cinturón, un cetro ceremonial con empuñadura de plata y en la parte superior una pirámide trunca de oro sostenida en la mano derecha. Debajo del cuerpo se ubicó una diadema semilunar de oro cuya una hoja que mide 62 cm. de ancho por 42 cm. de altura, que solo se había visto en la iconografía Moche y que siempre fue relacionada con la más alta investidura de la clase gobernante. De igual forma, se encontró once pectorales dispuestos sucesivamente sobre el pecho, las piernas y debajo del esqueleto, así como protectores de ojos, protector de nariz, una mentonera, además de un pesado lingote circular de oro macizo.

El cuerpo se encontraba enterrado con la cabeza orientada exactamente hacia el sur, en el centro de cuatro personajes, cada uno orientado hacia un punto cardinal, muy cerca de él se encontraba un perro y tres mujeres entre los 18 y 21 años de edad. Además, estaba acompañado por un sacerdote y alimento que le serviría en su tránsito hacia el más allá.
El ataúd era de madera de caña unido con fibras vegetales y abrazaderas de cobre. Encima del ataúd existían diversas capas de tejidos, esterillas y mantos finamente elaborados, ubicados en diferentes estratos, lo que revela lo elaborado y complejo de la ceremonia funeraria. Una vez dispuesto el entierro se ubicaron diecisiete vigas de madera de algarrobo cubriendo toda la tumba. Sobre las vigas se halló el cuerpo de un guardián con las piernas amputadas, lo que simbolizaría la obligación de permanecer para siempre en su puesto de vigilancia.
El Viejo Señor de Sipán, sepultado en la primera etapa de edificación de la plataforma funeraria, debió ser el más antiguo gobernante del valle. Muchos de los emblemas de rango y mando u ornamentos y estandartes de su ajuar funerario, resultan parecidos a los del Señor de Sipán, lo cual refleja una jerarquía y rol semejantes en otro momento de la historia Mochica.
Evidentemente, pudo ser su antecesor en algunas generaciones. El ajuar con diversas imágenes religiosas resulta más complejo y variado que el del primer Señor descubierto. Probablemente, el Viejo Señor, concentraba las funciones políticas y religiosas que se separaron posteriormente. Sus únicos acompañantes fueron una mujer y una llama. Los ornamentos depositados en la tumba están también referidos a una triple autoridad (civil, religiosa y militar) y a los conceptos del dualismo simbolizados por el uso del oro y la plata.
Luego de una extensa gira por el mundo, el Señor de Sipán volvió a casa con grandes honores. El museo más moderno del Perú fue construido en Lambayeque, con el fin de albergar todos los tesoros hallados y para ser la morada final del legendario Señor. El Museo Tumbas Reales es un moderno edificio en forma de pirámide. La entrada se hace por una rampa de 70 metros de largo. El tránsito por la rampa simula el ascenso de los pobladores moches a un templo de veneración. En el primer piso se encuentra la reconstrucción de la tumba principal, donde descansan los verdaderos restos óseos. En el segundo piso se exhiben los ornamentos del Señor de Sipán en oro, plata y cobre. Alrededor del museo se ha reconstruido un pueblo Moche de la época, recreando sus técnicas de elaboración de cerámicas y de hilado, que sin duda colmará el interés de cualquier visitante.

Una visita por estos calurosos valles del norte del Perú lograrán, sin duda, acercarlo a la historia de uno de los más importantes gobernantes de esta parte del país y hacerlo testigo del maravilloso patrimonio cultural que el Señor de Sipán y su cultura han legado para las generaciones venideras.www.peruvianembassy.us