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| Las luchas populares en la independencia (II) |
| Domingo, 25 de Julio de 2010 19:46 | |||
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(VIDEOS)Se “olvida” que abrieron camino a la expedición libertadora de San Martín. La historia “oficial” deja de lado o miinimiza la lucha del pueblo en la gesta libertadora, como los cabildos abiertos, es decir, asambleas en las que juraron la independencia de Tumbes, Piura, Lambayeque, Jaén y Moyobamba (Maynas). En ese sentido, es necesario recordar que el primer pueblo en proclamar su independencia fue Supe el 5 de abril de 1819 tras una de las expediciones marítimas de Lord Cochrane. Un capítulo de la historia olvidada.
Sin la ayuda en dinero, especies y hombres que envió el pueblo de Trujillo la expedición de San Martín habría corrido el grave riesgo de colapsar. Desde Moyobamba llegaron donativos de toda especie y hombres corajudos que engrosaron las filas del ejército libertador. Centenares de campesinos indígenas en la sierra donaron sus jornales y productos agropecuarios para financiar y abastecer la campaña libertadora.
En Huamachuco entregaron al tesoro nacional la producción de sus haciendas de Tulpo y Yamobamba. Paralelamente, los montoneros consolidaban la lucha independentista en los andes y cercaban la capital cortando suministros y obligando a los realistas abandonar Lima. ¿Independencia concedida?Este olvido de las luchas populares dio lugar a interpretaciones erróneas, como la del historiador peruano Heraclio Bonilla y la norteamericana Karen Spalding quienes, en su libro “La independencia en el Perú: las palabras y los hechos” señalan que la participación popular no existió y que ejércitos extranjeros independizaron al Perú en contra del deseo de las elites criollas.
En el polémico trabajo se afirma que hubo un “silencio” por parte de los indios y negros y un “miedo” que mostraron los criollos ante la inminencia del cambio de sistema político. Y si los primeros formaron parte del ejército patriota o realista, lo hicieron a cambio de un topo de terreno o, en el caso del esclavo, de su libertad. De acuerdo a la visión de Bonilla y Spalding, las palabras y los hechos fueron acciones conjuntas “de minorías, de hombres aislados. Participación popular
Luego se pasa a una segunda fase, la de los proyectos continentales, donde se producen las campañas militares de San Martín y Bolívar. Y es precisamente en las juntas de La Paz y Quito donde figuran varios peruanos. Como sostiene O´Phelan, “la participación de peruanos en la lucha insurgente fue significativa”. Gustavo Montoya destaca en su libro “La independencia del Perú y el fantasma de la revolución” el papel que cumplieron las guerrillas y montoneros indígenas de la sierra central a favor de la causa patriota. Fueron, en principio, organizados por líderes locales que, a la vez, representaban diversos intereses.
Igualmente fue heterogéneo el liderazgo. A la cabeza de las tropas estuvieron criollos, mestizos e indios. Como, por ejemplo, Francisco Vidal, Ignacio Quispe Ninavilca y Gaspar Huavique. La proclama en LimaHay otras voces que ponen el dedo en la llaga sobre el olvido de las luchas populares en la liberación nacional, incluso en la proclama de la Independencia, a cuyo acto no fueron invitados los montoneros que aguardaban en las afueras de Lima.
En este aspecto, el recordado historiador Juan José Vega señala en su obra "Cahuide" : "En realidad el 28 de julio de 1821 se efectuó un acto solemne, pero carentes de mayor trascendencia política y militar fuera de la capital y, lo que es peor, su solidez fue mínima y por eso se desintegraría lo que allí se ha conseguido. El 28 de julio fue una fiesta, no un alzamiento. Un festejo, no una rebelión. Un desfile lujoso, no una carga victoriosa. Una jornada de discursos, no de arengas. Fue un coro de campañas y cohetes, no de balas ni clarines. Aquel día en Lima no corrió una gota de sangre, aun cuando en las cordilleras, en esas mismas horas, inclusive en lugares cercanos a la capital proseguía, sin piedad, la guerra a muerte entre patriotas y virreinales, entre las partidas de montoneros y los huestes del Rey de España".
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Este planteamiento fue denominado la independencia concedida y en la década del 70 obligó a los investigadores a retomar una serie de fuentes que a la postre serviría para lograr una mejor comprensión del proceso.
Para el caso, cita al historiador alemán Manfred Kossok, que encuentra dos etapas bastante bien definidas en el proceso de la independencia. Un primer momento, que a causa de la invasión napoleónica de España, corresponde a la fase de los regionalismos (1809 – 1814), en que se instalan juntas de gobierno en todo el territorio hispanoamericano.
El historiador John Lynch, citado por Montoya, sostiene el carácter heterogéneo de los líderes. Unos representaron los intereses comunales, otros persiguieron intereses particulares y no faltaron quienes se prestaron para un “ajuste de cuentas” en contra de los españoles.
Los criollos que habían apoyado a las fuerzas realistas se acercaron al Libertador para pedirle que, en aras del orden público, se prohibiese el acceso a la ciudad de estas fuerzas populares.


