Oscar 2016: La eterna repartija sin criterios (Análisis)

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Otra vez la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas volvió a salirse del paso haciendo una repartición de estatuillas doradas en el Oscar 2016. Con la vieja fórmula de dejar contentos a todos, le dan el premio a Mejor Director a Alejandro González Iñárritu y el de Mejor Película a En primera plana (Spotligth).

El trabajo de un cineasta se puede juzgar sólo desde la película, como producto final. Si pensaron que González Iñárritu merecía el Oscar por su esforzada labor en The Revenant: El renacido, debieron premiar la película. Caso contrario, si también con justicia opinaron que En primera plana era la mejor del año, el Oscar al director debió ir a manos de Thomas McCarthy, o una u otra.

Muchos seguidores de la ceremonia del Oscar también protestaron por no premiar como Mejor Cinta a Mad Max: Fury Road, después que el filme de George Miller fuera el más ganador de la gala con seis galardones en su haber. Pero los premios de esta producción futurística son todos técnicos (sonido, efectos visuales, edición) o de maquillaje y cinematografía. Hace años se premió a Titanic, que no tuvo brillantes actuaciones ni un gran guión y se tachó con razón como un fiasco.

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas decidió ser equilibrada en el único premio donde el público pedía mayor tolerancia a la emotividad. Le negaron el Oscar a Sylvester Stallone por Creed: Corazón de campeón y se lo dieron por innegables méritos a Mark Rylance por su interpretación en El puente de los espías. Igual quedó un sinsabor. Manuel Salazar