Ronaldo marcó el inicio de multimillonarios contratos de futbolistas

shadow

 

Brasil es sinónimo de fútbol y alegría. Dos conceptos que siempre se juntaron en las botas de Ronaldo Luis Nazario de Lima. Un delantero letal con una amplia carrera internacional. Un luchador nato que se sobrepuso a sus lesiones para pasar a la posteridad por la puerta grande.

La selección Sub-17 brasileña y el Cruzeiro fueron los primeros escaparates por los que el carioca se dio a conocer al mundo. En el club de Belo Horizonte, Cruzeiro, coincidió con otro crack del país, Jairzinho, culpable del descubrimiento de este irrepetible delantero nacido en Río de Janeiro en 1976.

Muchos equipos europeos se interesaron por Ronaldo. En especial, dos conjuntos de los Países Bajos. Frank Arnesen, exfutbolista danés criado en la cantera del Ajax, fue el director deportivo responsable de la contratación de Ronaldo para el PSV tras cotejar el mercado brasileño en busca de una nueva perla. Un jugador con un talento capaz de igualar al exhibido por Romario en su etapa en Eindhoven.

.                                                                                     Ronaldo a los 17 años con la camiseta del Cruceiro.

El fichaje por el conjunto de la Philips estuvo cerca de no fructificarse debido al acuerdo que había llegado previamente el Ajax con el Cruzeiro. Finalmente, Ronaldo tomaba el mismo camino que había tomado Romario en Europa, estrenándose en la Eredivisie de rojiblanco.

La estancia del ‘Fenómeno’ en el PSV superó cualquier expectativa gracias, además de su calidad, al genial entendimiento del brasileño con su compañero en el ataque, el belga Luc Nilis, derivando en 42 dianas en 46 encuentros disputados en un par de temporadas.

Barcelona

Ronaldo se declaró en rebeldía para acelerar su traspaso al Barcelona. El fichaje del brasileño se convirtió en 1996, y durante unos cuantos años, en el más caro de la historia, a razón de 2,500 millones de pesetas. El por entonces vicepresidente azulgrana, Joan Gaspart, reconoció que se vistió de camarero para poder acceder a la habitación del astro y así convencerle de su incorporación al Barza.

Lo que parecía un idilio de larga duración se transformó en una única campaña donde Ronaldo jugó su mejor curso futbolístico, con exhibiciones para la posteridad como el gol de Compostela, con el sello habitual de la casa, mezcla de potencia y habilidad.

Los 47 tantos en 51 encuentros fueron un reclamo más que suficiente para que uno de los ‘capos’ de la Serie A, por aquel entonces el torneo más potente, rascara los bolsillos con el objeto de firmar al mejor ‘9’ del momento, quien se encontraba molesto con la directiva culé por una subida de sueldo nunca aceptada.

La aparición de Massimo Moratti como presidente del Inter de Milán revolucionó un mercado de fichajes que ya se encontraba agitado desde la irrupción de la ‘Ley Bosman’, la cual llevaba un año de implantación. Normativa internacional que permitió a los futbolistas de la Unión Europea jugar en otros países miembros sin ocupar plaza de extranjeros, eliminando las trabas que ya estaban disfrutando otros trabajadores.

El conjunto interista, con esa eterna capacidad de transformar cada año su plantel, pagó la cláusula de Ronaldo, valorada en 4,000 millones de pesetas. Un giro de acontecimientos para el Inter, ya que la idea inicial era haber fichado a Batistuta como referencia ofensiva.

La temporada de este Inter acabó con la consecución de la Copa de la UEFA, segundo título europeo tras la conquista de la Recopa con el Barza. El scudetto quedó aparcado e inaccesible debido a un polémico y decisivo enfrentamiento, en la jornada 31, contra la Juventus donde los penaltis, uno no señalado en área del Inter y otro inexistente dado como válido en área contraria, condujeron al triunfo ‘bianconero’.

De este modo, el brasileño cerraba el año de debut en Italia a la espera de la celebración del Mundial de Francia.

El extraño final de Francia 1998

La experiencia vivida por el delantero en el Mundial de Estados Unidos, donde acudió a la cita de 1994 -aunque no disputara ningún minuto- y su evolución futbolística, situaban al carioca con la madurez y galones necesarios para ser el pilar de la ‘Seleçao’ en 1998.

Ronaldo llegó a Francia confiado, dentro de un plantel comprometido con conquistar para Brasil otra Copa del Mundo. Él, junto a Rivaldo y Bebeto eran el tridente elegido para refrendar el título de la edición anterior.

La liguilla concluyó con el liderato para la ‘verdeamarela’ y la decepción de haber cerrado la ronda con una inesperada derrota frente a Noruega.

Chile, Dinamarca y Países Bajos fueron los siguientes obstáculos antes de acceder a la final, donde los anfitriones esperaban bajo la batuta de Zinedine Zidane.

Aquel Francia-Brasil de Saint Denis ha pasado a la historia por muchos motivos: el triunfo de los galos y su primer Mundial, los tantos de cabeza de Zidane… y el estado de salud de Ronaldo. El atacante brasileño disputó el partido tras haber sufrido un shock, una serie de convulsiones que pudieron llevarse la vida del astro carioca. Su participación en el choque, obviamente mermada, fue obligada -opinan algunos- por intereses comerciales derivados de sus patrocinadores.

“Sentí un miedo terrible. Perdimos el Mundial, pero yo gané otra copa, la de la vida”, declaró el propio Ronaldo más tarde.

La grave lesión en el Olímpico

El episodio de París tuvo otra continuación dentro del capítulo de desgracias sufridas por Ronaldo. Una primera lesión, sufrida ante el Lecce, le tuvo fuera de los terrenos de juego durante 6 meses. A su vuelta y aparentemente recuperado, con el Olímpico como escenario, la Lazio de rival y la Coppa como objetivo, una bicicleta del ‘Fenómeno’ sobre un firme irregular precipitó la caída del jugador, sollozando al borde del área. Una imagen que muchos interpretaron como la triste despedida de un genio, antes de tiempo.

Era abril del 2000. Los reproches se sucedían y salpicaban a todos, empezando por los facultativos del PSV a los que algunas voces señalaban como responsables de las desgracias del atacante, acusándoles de haber dopado al brasileño en su desembarco al fútbol holandés.

Grandes en Japón

La nefasta relación del ariete con el técnico Héctor Cúper y los sinsabores en el campeonato, donde una derrota ante el Lazio condenó al fracaso a los interistas, forzaron a replantearse su futuro en el ‘calcio’.
EL Mundial de Corea del Sur y Japón (2002) confirmó el buen estado en el que se encontraba Ronaldo. Sus goles y regates ayudaron a la victoria de la ‘canarinha’ en un campeonato descafeinado que contó con el final más clásico: Alemania – Brasil en el último peldaño.

El doblete de Ronaldo ante el guardameta Kahn devolvieron la corona y el cetro al carioca, bajo la atenta mirada del Real Madrid, cuyo presidente, Florentino Pérez, le había reservado un lugar en la delantera de un equipo de ensueño.

 

El Real Madrid galáctico

Si alguien tenía dudas del rendimiento que podía ofrecer Ronaldo, a pesar del aval de los 8 goles en un Mundial, éstas se disiparon cuando necesitó sólo 11 segundos para inaugurar su casillero con los blancos, en un partido en el Santiago Bernabéu contra el Alavés y con el público merengue entregado al brasileño.

El brillante plantel, comandado por Zidane, Figo, Beckham, Raúl y Roberto Carlos, tampoco fueron suficiente para que Ronaldo lograra el máximo trofeo continental: la Champions League. Un título que se alejaba cada vez más de sus manos con el desmoronamiento del Madrid ‘galáctico’

Regreso a Milán

La eliminación de Brasil en cuartos de final en el 2006 y su consiguiente adiós en la ‘Seleçao’, al que le quedó un epílogo a modo de despedida formal el 2011, no fueron los únicos cambios personales que padeció en aquella temporada. Su salida de Chamartín, motivada por la falta de confianza de Fabio Capello, precipitaron en un regreso a Milán, al equipo ‘rossoneri’.

Los problemas de peso y el hipotiroidismo detectado en el 2007 acompañaron a la estrella en los dos años que estuvo de rojinegro. Un par de temporadas en las que sólo disputó 20 encuentros -9 goles-. Cifras inferiores a las esperadas debido a su estado físico y a la aparición de nuevas lesiones, como la sufrida ante el Livorno.

La recuperación, casi espartana, consistente en ejercicios de gimnasio realizados en su país devolvieron al ariete a tener una figura casi no vista hasta entonces. Dichas sesiones, maratonianas, invitaron a muchos clubes brasileños a contratarle, confiando en haber recuperado al gran delantero de Brasil.

A pesar de su amor por Flamengo y de haber entrenado durante aquellos meses con ellos, fue el Corinthians el equipo que firmó el último contrato del crack. Su estreno con el ‘Timao’ se saldó de la mejor manera, con un testarazo ante el histórico rival, Palmeiras.

 

La efervescencia de su juego fue menguando hasta desparecer casi por completo en el curso 2010-11. El 14 de febrero del 2011 Ronaldo rompió el corazón de sus seguidores al anunciar públicamente que dejaba su carrera profesional.

El mundo perdía a uno de sus mayores referentes sobre el césped y Brasil a uno de sus últimos iconos -98 internacionalidades y 62 goles-, números sólo superados por Pelé. Demostrando que el ‘Fenómeno’ ha estado a la altura de cualquier mito del país y del resto del planeta.

Fuente: http://mifutboleria.blogspot.com