Soldados japoneses frieron y comieron carne de un chino

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Soldados japoneses frieron y comieron la carne de un civil chino durante la II Guerra Mundial, según un criminal de guerra cuya confesión de numerosos asesinatos y violaciones ha sido publicada hoy jueves por la Administración Estatal de Archivos de China.

En la décima de una serie de 31 confesiones de criminales de guerra japoneses hechas públicas por la página web de la administración en conmemoración del 70º aniversario del final de la II Guerra Mundial, Kunihiro Nakao detalló sus actos brutales cometidos en China entre 1940 y su captura en agosto de 1945.

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Nakao, que nació en la prefectura de Yamaguchi de Japón en 1921, “asesinó de manera cruel a dos prisioneros antijaponeses, dos hombres de 20 y 22 años” el 10 de abril de 1940 en el distrito de Huanggang de la provincia central china de Hubei, según su confesión escrita en 1954.

Nakao afirma que uno de ellos “fue decapitado con una espada” por un cocinero del ejército, mientras el otro “fue atravesado con una bayoneta al mismo tiempo” por varios soldados “y cayó en una fosa”. Entonces Nakao “echó tierra en la fosa para cubrir al hombre todavía vivo, lo golpeó con una pala redonda y lo pisoteó hasta la muerte.

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De octubre a noviembre de 1940, en el distrito de Jingmen de la misma provincia, “empleó a ciudadanos chinos como blanco para ejercicios de tiro, y mató de disparos a tres de ellos” junto a sus compañeros. “Disparé 15 ráfagas con una ametralladora ligera y un rifle a cinco o seis chinos, y a otro con la ametralladora”.

Según la confesión de Nakao, en junio de 1942 en el distrito de Jiangling de Hubei, su compañero “capturó a un chino de 30 años, lo mató con la bayoneta, cortó alrededor de un kilo y medio de carne de su muslo, la envolvió en un trapo y me la trajo. Después la freímos con cerdo, pollo, pescado y verduras, y todos los miembros del pelotón de 40 soldados y yo nos comimos el plato”, escribió Nakao.

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En julio de 1942 en el distrito de Dangyang de la provincia, sus subordinados capturaron a dos mujeres chinas que pasaban por allí y las violaron. “Fukuoka llegó incluso a introducirles una pera por sus vaginas, causándoles un gran dolor”, relata Nakao en su confesión.

Nakao también confesó haber atado a dos ciudadanos chinos a un árbol y ordenado a los nuevos reclutas “que atravesaran a uno de ellos con sus bayonetas 50 veces, para que pareciera un panal. El otro fue decapitado, y ordené al sargento Yamane que diseccionara su pecho con una espada”.

Nakao también confiesó haber violado mujeres chinas y coreanas, que fueron apresadas, esclavizadas y torturadas por los imperialistas japoneses. Nakao violó a 25 mujeres chinas en 30 ocasiones y a 12 coreanas 14 veces desde junio de 1941 hasta mayo de 1945.

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De diciembre de 1944 a comienzos de mayo de 1945 en Jingmen, Nakao hizo que un centinela violara a cuatro mujeres chinas, según la confesión.

La Administración Estatal de Archivos está publicando diariamente una confesión en vísperas de las conmemoraciones por el final de la guerra el próximo 3 de septiembre. Los documentos manuscritos van acompañados de traducciones y resúmenes en chino e inglés.

Las confesiones detallan crímenes como el asesinato, la esclavización y el envenenamiento de ciudadanos chinos, así como el uso de armas químicas y biológicas en seres humanos vivos.