FIL Lima 2026, 30 años: el sentido de leer libros frente a la IA y las redes sociales

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La FIL Lima 2026 celebra su edición número 30 hasta el 6 de agosto en su nueva sede, el Centro de Exposiciones Jockey, en Santiago de Surco. No es una edición cualquiera: bajo el lema «Más FIL Lima para más peruanos», la feria busca consolidar su crecimiento tras superar el medio millón de asistentes en su edición anterior. El dato no es menor en un país donde los índices de lectura suelen ser motivo de lamento recurrente. Treinta años después de su primera edición, la feria del libro más importante del Perú se muda de casa, se agranda y, sobre todo, insiste en una pregunta incómoda: ¿para qué sirve leer un libro cuando un algoritmo puede resumírtelo en diez segundos?

La FIL Lima 2026 reunirá más de 600 actividades culturales y 550 horas de programación, además de 65 invitados internacionales y más de 15 autores peruanos invitados. Tiene a Ecuador como invitado de honor, con la participación de autores como María Fernanda Heredia, Xavier Oquendo y Valentina Álvarez, en un intento por estrechar los vínculos editoriales entre ambos países. La convocatoria, dicho sea de paso, no se limita a la palabra impresa: la feria contará con espacios dedicados a la literatura, la ciencia, el manga, los cómics y espectáculos para niños, apostando por captar tanto al lector de siempre como a públicos que jamás pisaron una feria del libro.

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El cambio de sede es el símbolo más visible de esta edición. El traslado desde el tradicional Parque de los Próceres, en Jesús María, responde tanto al crecimiento de la feria como a la necesidad práctica de contar con salas climatizadas, mejores conexiones de transporte y más espacio para los expositores. Es, en el fondo, una feria que dejó de caber en su propio formato. En 2025 convocó a 540 mil visitantes, y la organización apuesta ahora por sostener —o superar— esa cifra en un recinto pensado para la comodidad más que para la nostalgia.

El acceso, por lo demás, se ha vuelto una estrategia deliberada de apertura. Por los 30 años del encuentro, el ingreso fue gratuito para todo el público en la inauguración, entre las 11:00 y las 15:00, previa descarga de la entrada o canje en boletería; en el resto de fechas, la entrada general cuesta S/7.50 de lunes a jueves y S/10.00 los viernes, fines de semana y feriados. La feria tampoco se limita a la venta de libros: incorpora presentaciones musicales que van desde Kevin Johansen y Milena Warthon hasta Mar de Copas, Libido, Los Mirlos y Zaperoko, en una mezcla que busca convertir la lectura en experiencia colectiva, no solo en transacción comercial.

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🤖 Leer en la era del algoritmo

Y aquí conviene detenerse, porque la pregunta de fondo no es logística sino filosófica: ¿qué significa reunir a medio millón de personas alrededor de un objeto —el libro— cuya utilidad informativa ha sido en buena parte suplantada por la Inteligencia Artificial y el scroll infinito de las redes? La respuesta rápida, la del sentido común tecnooptimista, sería que el libro sobrevive por nostalgia o por ritual. Esa respuesta es cómoda, pero falsa. Lo que distingue a la lectura de un libro del consumo de contenido algorítmico no es el soporte, sino la estructura de la atención que exige: una atención sostenida, secuencial, que no se interrumpe cada ocho segundos ni se optimiza para retener el clic siguiente.

La IA generativa puede producir un resumen impecable de cualquier obra en segundos. Lo que no puede replicar es el proceso cognitivo de construir significado a partir de un texto extenso: la memoria de trabajo que se activa, la inferencia que el lector hace sobre lo no dicho, el tiempo muerto donde una idea decanta antes de convertirse en juicio propio. Las redes sociales, por su parte, no compiten con el libro en el terreno de la información —ahí ya perdieron hace tiempo—, compiten en el terreno de la atención, y ese es un campo donde el libro, estructuralmente, no puede ganar por diseño: no está hecho para retener, está hecho para formar. Una feria del libro que crece en plena era del algoritmo no es, entonces, un acto de resistencia sentimental. Es la prueba de que existe una demanda social —minoritaria pero real— de prácticas cognitivas que ningún modelo de lenguaje sustituye, por más fluido que sea su resumen.

Ahí radica el verdadero valor de la FIL Lima 2026: no compite con la Inteligencia Artificial ni con TikTok por el mismo público ni por el mismo tiempo de atención, y esa es precisamente su fortaleza. Mientras el consumo digital fragmenta la experiencia en unidades cada vez más breves, la feria propone lo contrario: detenerse, elegir, sostener una lectura durante horas o semanas. En un país donde la conversación pública suele reducirse a titulares y reacciones instantáneas, que 65 invitados internacionales y cientos de actividades convoquen a cientos de miles de personas durante dieciséis días no es un dato anecdótico. Es, con toda la ironía del caso, la evidencia más contundente de que el algoritmo no ha vencido —todavía— a la página impresa.

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Fotos Andina