Aún hay quien se vende por un plato de lentejas

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En los más diversos idiomas y en todos los continentes se ha dicho y repetido que sin libertad de prensa no hay democracia. El pasado domingo, con motivo de la elección de la mesa directiva del Senado, se dictó una orden para que los periodistas no ingresaran al hemiciclo con el fin de cubrir la información del caso. La posibilidad de que las cámaras de televisión grabaran el voto de los congresistas y, de esa manera, se conociera el fiel cumplimiento de la representación política, hizo que se adoptara tan nefasta arbitrariedad. Ha quedado herida la democracia por culpa de quienes no saben lo que significa realmente esta. Y la ciudadanía ha reaccionado con estupor, condenando moralmente a la persona que vendió su voto al oficialismo en perjuicio irreparable de su propia colectividad política. Este censurable hecho en una instancia tan respetable como es el Senado de la República es una señal de lo que podría venir más adelante: hacer uso del mandato del pueblo para beneficio particular es repudiable y no tiene nombre. Aquí levantamos nuestra voz de protesta, convencidos de que la peor opinión es el silencio.

Mancheta: ¿Dialogar no es pactar?

Foto Flickr Congreso