El matemático Tristan Buckmaster ha denunciado falta de transparencia y presiones por parte de OpenAI después de que la compañía anunciara que sus modelos habían resuelto uno de los Problemas del Premio del Milenio, poco después de que el matemático compartiese con ellos los logros de su investigación, en la que se ayudó de modelos de Inteligencia Artificial (IA) de la compañía.
Tristan Buckmaster (Courant Institute de la Universidad de Nueva York, Estados Unidos) y el investigador de Anthropic Levent Alpöge, trabajaron sin presupuesto institucional durante un año para resolver un problema abierto desde hacía décadas dentro de la mecánica de fluidos, que se engloba dentro de uno de los siete problemas del Premio del Milenio. Esto es, un conjunto de cuestiones que representan algunas de las preguntas más profundas en la frontera de las matemáticas.
Concretamente, el problema tratado está relacionado con la ecuación de Navier-Stokes y la cuestión de si el movimiento fluido tridimensional y uniforme puede romperse. Gracias a la ayuda de modelos de IA como Claude de Anthropic y Codex de OpenAI, ambos investigadores han logrado demostrar un resultado que la comunidad científica llevaba años persiguiendo, avanzando en la resolución del problema de Navier-Stokes.
Además de utilizar potentes modelos de IA, la idea de partida para la investigación de Buckmaster y Alpöge se apoyó en la previa investigación de los matemáticos españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa, que llevaban años explorando esa vía.
Sin embargo, este hallazgo ha ido de la mano de una polémica, debido a que este mismo martes, OpenAI también ha anunciado haber encontrado una solución con sus modelos de IA para este mismo problema de matemáticas, yendo más allá de los logros conseguidos por Buckmaster y su compañero Alpöge, y sin consenso sobre de quién es el mérito.
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LA CAUSA DE LA CONTROVERSIA EN LA INVESTIGACIÓN
Según ha explicado Buckmaster en una publicación, a principios de septiembre empezaron a circular rumores sobre sus logros matemáticos y tuvo conocimiento de que OpenAI estaba al tanto de su trabajo, por lo que decidió avisar a la compañía dirigida por Sam Altman de que publicaría sus resultados en breve de forma transparente, al haber utilizado sus modelos como herramienta.
Tras informar a OpenAI, directivos de la compañía le comunicaron que un modelo interno suyo había resuelto un problema mayor y relacionado, justamente el de Navier-Stokes, y le propusieron coordinar el anuncio.
Sin embargo, ha afeado que OpenAI puso una condición: dejar fuera a Alpöge por trabajar en Anthropic, su rival directo. El matemático se opuso rotundamente y advirtió de que haría público lo sucedido. Las respuestas de los ejecutivos de OpenAI, según describe Buckmaster, fueron intimidatorias, por lo que finalmente decidió publicar el documento explicando lo ocurrido.
Igualmente, Buckmaster ha denunciado la falta de transparencia de OpenAI, alegando que preguntó a la tecnológica si su modelo interno se había nutrido de las sesiones privadas que los investigadores guardaron en Codex durante el transcurso de su investigación, sin hallar una respuesta clara. Según ha especificado, OpenAI indicó que «no consultaba los datos de los usuarios», pero no especificó sobre si se habían utilizado para el entrenamiento de sus modelos.
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De hecho, el matemático sostiene que OpenAI también se atribuiría un mérito científico que corresponde igualmente a los matemáticos españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa (ICMAT-CSIC), autores del marco teórico fundamental en el que se basaron Buckmaster y Alpöge durante el año de investigación.
La respuesta de OpenAI, en el anuncio hecho días atrás sobre Navier-Stokes, mantiene que no reclamará el Premio del Milenio, y reconoce la prioridad del trabajo de Buckmaster y Alpöge, aunque afirma que no accedió a datos concretos de los usuarios para lograr su resultado. Eso sí, señala que no puede descartar que «datos anonimizados derivados» de ese uso ayudaran a entrenar sus modelos. Además, en su anuncio no menciona a los matemáticos españoles y niega la versión de Buckmaster sobre las presiones.
Por último, Buckmaster valora este episodio como una muestra de los dilemas éticos que plantea investigar con las herramientas de las grandes tecnológicas en un momento en el que el trabajo conjunto de un matemático y un modelo de IA puede hacer en semanas lo que antes habría necesitado años.
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Europa Press
