Ya se puso en movimiento y con aires nuevos una nueva etapa del quehacer político de nuestro país. Una mujer de raíces lejanas, con proyectos que ha dado a conocer, ha asumido la Presidencia de la República. Tan importante y delicado cargo lo ha ganado en forma ajustada, pero, de todas maneras, con una victoria que le reconoció el Jurado Nacional de Elecciones. En su primer mensaje a la Nación ha prometido que, en los 1826 días de su mandato de 5 años, hará posible lo que nunca otros intentaron y que, a decir verdad, solo se quedaron en el intento. El mensaje entusiasma, pero se duda de la posibilidad de convertir en realidad lo ofrecido. Hay muchas cuestiones en contra; entre ellas, la falta de recursos para realizaciones de magnitud nacional, como la lucha contra la inseguridad ciudadana, hacer frente al Niño Costero y al Niño Global, sacar de la pobreza a una población que ha sido olvidada y marginada, poner en primer nivel la educación —sobre todo primaria y secundaria— y, algo muy actual, transformar la administración pública con personal realmente profesional y conocedor de las ventajas de la comunicación virtual. Como si esto fuera poco, el primer gabinete ministerial no es homogéneo: están presentes quienes sí conocen lo que es la gestión gubernativa, pero también otros debutantes a quienes no queda más que desearles suerte, por el bien de la población nacional.
Si esto ocurre en el Poder Ejecutivo, tampoco hay muchas esperanzas en el Poder Legislativo. Se adelantan enfrentamientos y serias discrepancias que, conforme a las experiencias vividas, ojalá sean en procura de encontrar los caminos más adecuados para sacar al país de la situación de subdesarrollo.
Los viejos cronistas tenían algunas frases que guardan armonía con lo que ocurre ahora: «El camino al infierno está lleno de buenas intenciones». En homenaje a la sufrida nación, habría que ponerse de rodillas ante el Padre celestial y golpearse el pecho más de mil veces para que este se compadezca de tantos sufrimientos, especialmente de aquellos que claman por el pan diario.
Mancheta: todavía hay quien se vende por un plato de lentejas
