España bailó un pasodoble fenomenal, con todo el sabor del fútbol que hoy se practica en aquellas lejanas tierras ibéricas, a un rival golpeado y agotado, que fue el caso de Argentina y a quien no le quedó otra cosa que lagrimear ante el viejo bandoneón que llevaba el compás de Cuesta abajo, que inmortalizó el difunto Carlos Gardel.
Y lo hecho no es cosa de las circunstancias. Venció porque presentó un once formado por una juventud ambiciosa que, aunque dejó de lado el flamenco, venía sumando trofeos que simbolizan todo lo que se puede hacer cuando se trabaja desde las primeras auroras con disciplina, técnica y entrega total a la camiseta de sus más caros amores.
Y no es que Argentina hubiera claudicado en este fatal domingo 19 en sus aspiraciones. También se había preparado, incluyendo nuevos valores en el once titular, aunque el gran pecado —discutible, por cierto— es que todo el juego giraba en torno al bien reconocido y extraordinario Lionel Messi.
Más allá de soltar un lagrimón, hay que aconsejarles a los gauchos que, así como decían de Malena, que cantaba el tango como ninguna, el fútbol argentino sigue jugando a esto de la pelotita como uno de los mejores de todo el mundo.
España ya tiene dos estrellas en su camiseta y vendrán otras jornadas en las cuales tendrá que demostrar la galanura de su juego ante conjuntos emergentes que no solo están en la vieja Europa, sino también en el país de los cerezos y en el continente donde hay talento indiscutible, como es el caso del poco conocido en estos lares Cabo Verde.
Ese es el futuro inmediato en donde no estamos seguros de que se podrán escuchar los compases de la guitarra y el cajón criollos. Se anuncia que habrá nueve cupos en el próximo torneo que, según se dice, se jugará en América del Sur, África y Europa. Si eso es cierto y Perú no se clasifica, entonces ¡vaya al diablo el perrito y la calandria!
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